La excéntrica vida del científico atormentado que habló por primera vez de los universos paralelos: "No se dejaba tocar"
El excéntrico científico, para hacer gala de su ateísmo y pragmatismo, pidió que tras su muerte sus cenizas fueran tiradas a la basura
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Luis Enrique García Muñoz, vicerrector de Investigación y Transferencia de la Universidad Carlos III de Madrid, ha visitado ‘Cuarto milenio’ para compartir con la audiencia de la nave del misterio un perfil tremendamente llamativo del que la gran mayoría de mortales no ha oído hablar.
Hugh Everett III, un atormentado científico estadounidense, formulaba en el año 1957 la conocida como Interpretación de los Muchos Mundos de la mecánica cuántica. Everett aseguraba que la realidad se bifurca con cada decisión o evento cuántico, eliminando la idea de que una opción “gana” sobre la otra, para él simplemente una opción ocurre al igual que la otra, pero en universos distintos.
Pero la vida de Hugh Everett fue tan fascinante como trágica. El científico era poco menos que un genio incomprendido que además contaba con una personalidad tremendamente compleja que le llevaba incluso a vivir sin comunicarse con su propia familia, tal y como explica García Muñoz.
El científico murió de un infarto a los 51 años y fue entonces cuando su hijo le tocó por primera vez: "En una entrevista, su hijo contaba que al tocar el cadáver frío de su padre se dio cuenta de que era la primera vez que le tocaba".
La hija de Everett, Elizabeth, se suicidó años después, dejando una nota donde decía que esperaba encontrarse con su padre en "el universo paralelo correcto". El excéntrico científico, para hacer gala de su ateísmo y pragmatismo, pidió que tras su muerte sus cenizas fueran tiradas a la basura, algo que su esposa cumplió años después.
La teoría de los "muchos mundos"
Everett desarrolló su teoría de los "Muchos Mundos" cuando solo era un estudiante de doctorado en Princeton. Pese a lo complejo de su estudio, la comunidad científica de la época, liderada por Niels Bohr, la tachó de "fantasiosa". Desanimado, Everett abandonó la física teórica y acabó trabajando como consultor de defensa para el Pentágono, donde diseñó uno de los primeros procesadores de texto complejos años antes de que fueran comunes.
