Consumo

Comprar para sentirte mejor (y arrepentirte después): el hábito emocional que ya afecta a la mayoría de españoles

Comprar para aliviar el estrés se ha convertido en un comportamiento habitual. Freepik
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Hay compras que surgen de una necesidad real y otras que responden a algo mucho más complejo de explicar. Un mal día, estrés acumulado o aburrimiento. La sensación de necesitar algo, lo que sea, para animarse. Abrir una app, comenzar a añadir productos al carrito y sentir que durante unos minutos una pequeña descarga de satisfacción es un comportamiento cada vez más común. El problema es que esa sensación dura poco, y llega acompañada de culpa, arrepentimiento o la sensación de haber hecho una compra absurda.

Lo más llamativo es que este comportamiento no es algo anecdótico. Según un estudio de Wallapop, el 56% de los españoles reconoce comprar productos que no necesita ni usa, mientras que siete de cada diez admite haber comprado como forma de autopremio después de vivir momentos de estrés o frustración.

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Comprar ya no es solo comprar

Durante mucho tiempo, consumir ha estado ligado a cubrir necesidades: ropa, comida u objetos útiles. En los últimos años esto ha cambiado. Comprar se ha adoptado una dimensión emocional mucho más fuerte. Hoy muchas compras funcionan como una manera rápida de regular el estado de ánimo.

La lógica es fácil, el cerebro busca alivio inmediato frente a emociones incómodas como el estrés, el cansancio o el aburrimiento. Comprar ofrece eso, una pequeña recompensa instantánea. Escoger algo, pensar cómo será recibirlo y finalizar el proceso activa circuitos relacionados con el placer y la anticipación.

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Debido a esto, muchas veces el momento “emocional” no llega cuando se recibe el paquete, sino antes, cuando se efectúa la compra. La psicología lo relaciona con la liberación de dopamina, el neurotransmisor que está asociado a la recompensa y la expectativa de satisfacción.

El problema es que ese efecto suele ser temporal. Una vez que ha desaparecido esa novedad, vuelve el vacío emocional que provocó la compra acompañado de culpa y arrepentimiento.

Lo más preocupante es que este tipo de comportamiento se ha normalizado mucho. Comprar para sentirse mejor ya no es algo excepcional, se ha convertido en algo cotidiano. Este estudio muestra que el 53% de los españoles reconoce comprar por aburrimiento y que cerca de un 40% del gasto medio se destina a productos no esenciales.

Lo curioso es que muchos de esos productos apenas se utilizan después. Uno de cada cuatro artículos comprados en el último año tiene muy poco uso. Esto refleja un cambio relevante: la compra ya no responde tanto al objeto en sí como a lo que simboliza emocionalmente dicha transacción. El producto importa menos que la sensación momentánea que produce adquirirlo.

El estrés y la ansiedad están detrás de este tipo de compras

El estrés aparece constantemente como uno de los grandes detonantes de estas compras impulsivas. Esto no es algo casual. De hecho, distintos informes sobre bienestar muestran que el estrés sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes en España.

Cuando el cerebro está saturado emocionalmente, tiende a buscar recompensas rápidas y accesibles. Comprar online encaja perfectamente en esa necesidad: es inmediato, sencillo y requiere muy poco esfuerzo. En cuestión de segundos se puede pasar del malestar a una sensación de alivio temporal. La facilidad tecnológica multiplica además ese efecto. Las apps, las notificaciones y los pagos rápidos reducen al mínimo las barreras entre impulso y compra.

Las redes sociales hacen que el problema sea mayor

Otro factor esencial son las redes sociales. El consumo ya no se limita a tiendas y escaparates: ahora aparece constantemente en el móvil.

Este estudio reconoce que el 44% de los españoles reconoce que los contenidos que ven en redes sociales tienen una gran influencia en sus decisiones de compra, un porcentaje que se dispara entre los más jóvenes. Esto tiene una clara explicación psicológica. Las redes son una mezcla de publicidad, entretenimiento y aspiración personal. No solo muestran productos; muestran estilos de vida, rutinas aparentemente perfectas y versiones idealizadas de otras personas.

Como consecuencia, muchas compras nacen de una comparación emocional silenciosa. No se compra solo un objeto, sino la sensación asociada a él: orden, éxito, belleza, bienestar o pertenencia.

El arrepentimiento después de la compra

El más revelador pasa después de la compra. La satisfacción rara vez dura mucho. Según este estudio de Wallapop, el 60% de los consumidores asegura que no siente ninguna emoción especial cuando recibe el producto, mientras que un 16% reconoce incluso que siente angustia.

La recompensa emocional estaba en el acto de comprar, no en el objeto comprado. Esto explica por qué muchas personas acumulan ropa sin usar, productos repetidos o compras olvidadas. El objetivo no es tanto tener, sino experimentar esa sensación momentánea asociada a comprarlo.

El problema real llega cuando comprar se convierte en la principal herramienta para gestionar las emociones negativas. Una compra impulsiva no es un problema grave. Pero cuando el consumo se convierte en la vía habitual para aliviar estrés, ansiedad o vacío emocional, puede terminar generando dependencia psicológica, creando un bucle en el que cuanto peor se siente la persona, más necesita comprar.