Multas

Los radares que más multan: un tramo de 4 km acumula miles de sanciones

El radar más sancionador está en la M-40 de Madrid. Freepik
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En España hay más de mil radares repartidos por carreteras y ciudades, y la mayoría de conductores asume que el riesgo de multa está más o menos distribuido. No obstante, los datos oficiales y los informes de asociaciones de automovilistas dibujan un escenario diferente: no todos los radares multan igual. De hecho, hay puntos concretos donde la probabilidad de recibir una sanción se dispara, hasta el punto de que unos pocos dispositivos concentran una parte desproporcionada de las denuncias.

El resultado es bastante llamativo: algunos recorridos de apenas 3 o 4 kilómetros acumulan miles de multas al año, siendo auténticos “puntos calientes” para los conductores. Tramos urbanos, accesos a grandes ciudades o carreteras con cambios bruscos de velocidad son algunos de los escenarios donde más se repite esta situación. En ciertos lugares, un pequeño despiste o una mínima distracción puede convertirse en una sanción.

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Unos pocos radares concentran la mayoría de las multas

Uno de los aspectos más reveladores del sistema de control de velocidad es su desigual distribución de sanciones. Aunque hay más de un millar de radares operativos entre fijos, de tramo y móviles, los datos muestran que un número muy reducido de dispositivos concentra un volumen desproporcionado de multas. Según informes recientes, apenas medio centenar de radares llegan a acumular más del 30% de todas las denuncias por exceso de velocidad.

Esto puede ser por una serie de factores. En primer lugar, la ubicación de esos radares: muchos de estos radares se encuentran en accesos a grandes ciudades, circunvalaciones o tramos con mucho tráfico diario, donde pasan miles de vehículos cada hora. Cuanto mayor es el volumen de coches, mayor es la probabilidad de detectar reducciones de 120 a 80 km/h, que pueden sorprender a los conductores que no ajustan la velocidad a tiempo.

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También tiene que ver el tipo de radar. Los radares de tramo, por ejemplo, han demostrado ser especialmente eficaces para detectar infracciones, ya que obligan a mantener una velocidad constante durante varios kilómetros. Esto elimina la posibilidad de frenar puntualmente antes del dispositivo como en los radares fijos. El resultado es que este tipo de radar registra un mayor número de sanciones en menos espacio.

Otro factor importante es el comportamiento del conductor. En muchos casos, no se trata de excesos de velocidad muy elevados, son pequeños despistes. Circular un poco por encima del límite, no ver una señal o confiarse en tramos conocidos.

El radar que más multa en España

Si hay un ejemplo claro de cómo funcionan los radares más activos del país es el que está situado en la M-40 de Madrid, a la altura del kilómetro 20,2 en la zona de Mercamadrid. Este dispositivo no solo lidera el ranking nacional desde hace varios años, sino que se ha convertido en un auténtico símbolo del control de velocidad en España.

Los datos son contundentes: llegó a registrar más de 118.000 multas en 2023, una media de una sanción cada cuatro minutos y medio, manteniéndose en cabeza con más de 70.000 denuncias en 2025. Este radar puede llegar a multar una vez cada 7 minutos de media durante todo el año.

Lejos de ser casualidad, su alta “productividad” responde a varios factores que lo convierten en un caso paradigmático. Hay un cambio de velocidad brusco, ya que en ese tramo el límite pasa de 100km/h a 80 km/h, lo que provoca que muchos conductores no les dé tiempo a reducir la velocidad.

Por otro lado, es una de las vías más transitadas de España, con miles de vehículos al día. Eso quiere decir que cuántos más coches pasan, más posibilidades de infracción. Además, es una zona donde muchos conductores circulan como si fuera una autopista, lo que favorece estos pequeños excesos de velocidad. Esto ha hecho que con los años, se convierta en un lugar donde los errores se repiten, siendo un punto negro de multas, ya que incluso conductores habituales continúan siendo sancionados.

El fenómeno de los radares de tramo

Si hay un tipo de dispositivo que ha cambiado por completo la forma de controlar la velocidad en España, ese es el radar de tramo. A diferencia de los radares fijos tradicionales, estos sistemas miden la velocidad media entre dos puntos, obligando al conductor a mantener un ritmo constante durante todo el recorrido. Es en este punto donde reside su eficacia y el motivo por el que se concentran tantas sanciones.

En los últimos años, varios tramos de apenas 2,5 a 4 kilómetros han pasado a encabezar los rankings de multas. Son recorridos cortos, a menudo en entornos urbanos o periurbanos, donde los conductores tienden a relajarse. El resultado es que miles de vehículos superan la velocidad media permitida sin darse cuenta, acumulando sanciones en muy poco espacio.

Una de las razones principales es que estos radares eliminan el comportamiento típico de frenar justo antes del radar. En un radar puntual, muchos conductores reducen la velocidad en el último momento y vuelven a acelerar después. Con los radares de tramo, esto no funciona: todo el recorrido cuenta, y cualquier exceso queda registrado. Esto hace que incluso los pequeños incrementos como ir a 95 km/h en un tramo de 90 puedan acabar en multa.

Estos dispositivos suelen estar colocados en lugares estratégicos como túneles urbanos, accesos a grandes ciudades, carreteras con alta siniestralidad o zonas con cambios de velocidad progresivos. En estos entornos, es común que el conductor no pueda percibir claramente el inicio o el final del tramo controlado, o que subestime la importancia de mantener la velocidad constante.