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Dar de comer a las palomas: la multa de hasta 500 euros en algunas ciudades españolas

Cada ayuntamiento regula esta conducta de forma independiente
Cada ayuntamiento regula esta conducta de forma independiente. Pixabay
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Durante décadas, dar de comer a las palomas en las plazas y parques ha sido una imagen casi entrañable en muchas ciudades españolas. Personas mayores, niños o turistas lanzando migas de pan a estas aves forma parte del imaginario colectivo. No obstante, lo que antes era una práctica cotidiana hoy puede convertirse en una infracción sancionable.

Cada vez más ayuntamientos están endureciendo sus ordenanzas y dar de comer a las palomas puede acarrear multas que, en muchos casos, superan los 300 o 500 euros, e incluso pueden alcanzar cifras más altas dependiendo de la ciudad y la gravedad.

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No es una ley estatal: depende de cada ciudad

A diferencia de otras infracciones comunes como pueden ser las de tráfico, dar de comer a las palomas no está regulado por una normativa estatal única en España. Esto quiere decir que no existe una ley general que prohíba alimentar aves en todo el territorio, sino que la regulación va a depender de las ordenanzas municipales de cada ayuntamiento. En la práctica, esto genera un mapa legal muy desigual: lo que es perfectamente legal en una ciudad puede ser sancionado en otra.

Los ayuntamientos tienen competencias para regular el uso del espacio público, la limpieza urbana y la convivencia ciudadana, y es en este marco donde se incluyen las restricciones sobre alimentar animales. Por esto, muchas ciudades han incorporado en sus ordenanzas cláusulas específicas que prohíben dar de comer a las palomas cuando esto suponga problemas de higiene, proliferación de plagas o deterioro del entorno urbano. En ciertos casos, la prohibición es directa; en otros, se sanciona solo si esa conducta genera suciedad o molestias.

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Al ser una norma de carácter local, el ciudadano tiene la responsabilidad de informarse de las reglas concretas de su municipio. Estas sanciones además también varían entre ciudades, siendo leves en unas y muy elevadas en otras.

Multas de más de 500 euros dependiendo de la ciudad

Uno de los aspectos que más llama la atención es la cuantía de las sanciones, que puede variar considerablemente según la ciudad y la gravedad de la conducta. En muchos municipios españoles, dar de comer a las palomas se considera una infracción leve o grave dentro de las ordenanzas de limpieza y convivencia, con multas que se suelen situar entre 75 y 500 euros. Esta horquilla es la más común y responde a los casos puntuales en los que se alimenta a las aves en la vía pública generando suciedad o molestias.

Pero, estas cantidades pueden verse incrementadas de forma notable en determinadas situaciones. Algunas ciudades han endurecido sus normativas ante el aumento de poblaciones de palomas y los problemas que se les asocian, lo que ha llevado a establecer sanciones más elevadas. En ciertos casos, las multas pueden superar los 750 euros o incluso alcanzar los 1.500 euros si se considera que la conducta es reiterada o ha provocado un impacto significativo en el entorno urbano, como acumulación de excrementos, deterioro del mobiliario o quejas vecinales.

Además, existen supuestos más graves en los que las sanciones pueden dispararse. Por ejemplo, en municipios concretos como Alcalá de Henares, las multas pueden llegar a los 2.400 euros, sobre todo si se trata de infracciones continuadas o de gran impacto. También en Santa Cruz de Tenerife, dos vecinos de la ciudad fueron sancionados con una multa de 1.000 euros por alimentar a las palomas en la vía pública. También pueden aplicarse sanciones altas en zonas que estén especialmente protegidas o sensibles, donde la normativa es más estricta.

¿Por qué está prohibido dar de comer a las palomas?

Dar de comer a las palomas puede parecer un gesto del todo inofensivo, pero las administraciones locales lo consideran un problema de salud pública y convivencia urbana. El principal motivo es que alimentarlas de forma regular favorece su proliferación descontrolada, lo que genera concentraciones elevadas en ciertas zonas. Esto tiene consecuencias directas: acumulación de excrementos, deterioro de fachadas y mobiliario urbano, malos olores y posibles riesgos sanitarios. Además, al recibir alimento fácil, estas aves pueden alterar su comportamiento natural, lo que hace más complejo el control de su población, agravando lo que muchos ayuntamientos consideran una plaga urbana.

Por este motivo, las ordenanzas municipales de muchas ciudades españolas prohíben expresamente alimentar a las palomas, especialmente cuando esta acción afecta a la limpieza, la salubridad o el entorno. En ciertos casos, la prohibición es general en toda la vía pública; en otros, se aplica cuando la conducta genera molestias o suciedad visible. Estas normas se enmarcan dentro de las competencias municipales sobre limpieza urbana, protección del espacio público y convivencia ciudadana, y permiten imponer sanciones económicas cuando se incumplen.

Lo que muchos ciudadanos no conocen es que estas restricciones no se limitan únicamente a la calle. También pueden ser aplicadas en espacios privados como balcones, terrazas o patios, si la alimentación de las aves provoca problemas en el entorno. Por ejemplo, dejar comida de forma habitual puede atraer a grandes cantidades de palomas, generando suciedad en zonas comunes o afectando a otros vecinos. En estos casos, además de posibles multas, pueden surgir conflictos en la comunidad de propietarios e incluso acciones legales si se considera una actividad molesta o insalubre.