El hospital Sant Pau de Barcelona frena los tics del síndrome de Tourette a un joven 21 años: "Llevo una vida normal"
El joven, de 21 años y diagnosticado desde los 14, tenía un alto riesgo de suicidio y vivía aislado
La estimulación cerebral profunda salva a un joven con síndrome de Tourette: "Ahora estudia y va al cine"
"Llevo una vida normal, he podido controlar mis tics, puedo leer un libro que antes no podía hacerlo, salir con mis amigos". Son las palabras del joven de 21 años al que el hospital Sant Pau de Barcelona ha logrado frenar los tics del síndrome de Tourette. Hasta ahora apenas podía salir de casa por culpa de sus síntomas., informa M. Lilao.
El joven padecía tics vocales incontrolados, coprolalia aumentada —tendencia a insultar—, klazomanía —emisión de gritos involuntarios— y clafomanía —destruir objetos—, que hacían imposible una vida normal: todos estos síntomas le impedían desarrollar actividades tan cotidianas como socializar con sus amigos, estudiar o hacer ejercicio.
Porque estamos ante una enfermedad que, pese a haber saltado al primer plano de la actualidad gracias al filme 'Incontrolable', dificulta en grado extremo la sociabilidad, al tratarse de un problema neurológico que provoca tics involuntarios e incontrolables.
Le han colocado unos electrodos en una zona específica del cerebro
Gracias a una cirugía de estimulación cerebral profunda el día a día de este joven ha cambiado. Los médicos del Hospital de Sant Pau le han colocado unos electrodos en una zona específica del cerebro. Así han podido aplicar pequeñas descargas eléctricas en el cerebro para tratar de eliminar los tics.
"Es una operación mínimanente invasiva, son pequeños electrodos que corren por debajo de la piel hasta la región del pecho, donde se conectan a una pequeña batería que funciona exactamente como un marcapasos cerebral", explica a Noticias Cuatro Juan Aibar, neurocirujano.
El efecto de esta terapia no es inmediato. En este caso la mejoría también tardó unos hasta nueve meses después de la intervención. "Muchas veces implica un seguimiento a largo plazo, porque se necesitan cuatro, seis ocho meses de tiempo para ajustar los parámetros para que el paciente pudiera notar una mejoría", explica el neurólogo Javier Pagonabarraga.
Lo mejor es que ahora el joven puede vivir con autonomía. Ha mejorado sus relaciones sociales y tiene en mente retomar sus estudios.
El adjunto del Servicio de Neurología de Sant Pau, Ignacio Aracil, ha asegurado que el cambio ha sido enorme: "Este chico presentaba una situación límite, con riesgo de conducta suicida. Hoy, más de un año después de la cirugía, vive con autonomía y con proyectos de futuro".
"Este caso es un ejemplo de cómo las técnicas de neuromodulación y el trabajo de equipo entre neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos y enfermería pueden transformar la vida de pacientes y familias que estaban en una situación desesperada", señala.
El paciente empezó con tics a los cinco años de edad, en forma de parpadeos involuntarios, que a los ocho se agravaron con tics en el cuello y los hombros, hasta resultar en el diagnóstico formal de Tourette a los 14, con espasmos motores más complejos y tics fónicos que se agravaron con el paso del tiempo. Él mismo explicó que fueron a peor sobre todo los tics de dar golpes, destruir objetos, hasta el punto de hacerse daño, y también la coprolalia elevado a su máximo exponente: "Cosas que no pensaba ni quería decir, pero que no podía evitar".
La estimulación cerebral profunda en el síndrome de Tourette no está aprobada por las agencias reguladoras. Es decir, se realiza como "uso compasivo", de forma "experimental".
