Ser 'workaholic' no es sano ni efectivo: el impacto real que puede tener en la salud física y mental
El “workaholism” puede ser confundido con compromiso, pero en realidad es una relación compulsiva con el trabajo que afecta profundamente a la salud física y mental
"Usamos solo el 10% del cerebro": el origen real de uno de los mitos más repetidos sobre la mente humana
Durante mucho tiempo, trabajar sin descanso ha sido algo por lo que sentirse orgulloso. Responder correos a cualquier hora, alargar la jornada laboral o sentir que nunca es suficiente ha sido algo que se ha normalizado hasta el punto de convertirse en una especie de medalla invisible que nos ponemos. En una sociedad donde la productividad se mide en horas y la disponibilidad constante parece algo imprescindible, ser workaholic o adicto al trabajo se ha llegado a admirar.
Sin embargo, esta narrativa está comenzando a venirse abajo. Lejos de ser una señal de éxito, el exceso de trabajo cada vez está más vinculado a problemas graves de salud física y mental, además de que está comprobado que hay una caída real en el rendimiento. Organismos como la OMS llevan años alertando de que trabajar demasiado no solo es contraproducente, sino que puede tener consecuencias peligrosas. La pregunta ya no es quién trabaja más, sino quién es capaz de hacerlo sin poner en riesgo su salud.
¿Qué significa realmente ser “workaholic”?
El término “workaholic” no se refiere simplemente a alguien que trabaja. En psicología, se utiliza para describir una relación compulsiva con el trabajo. Se trata de una necesidad interna difícil de controlar que lleva a dedicar un tiempo excesivo a la actividad laboral, incluso cuando no es necesario o resulta perjudicial para la salud.
A diferencia de un compromiso saludable, donde hay motivación y satisfacción, el “workaholism” está más ligado a la ansiedad, la presión interna y la incapacidad de desconectar. Esto implica que no se trata solo de una cuestión de horas, sino también de que hay una relación emocional con el trabajo.
¿Qué impactos reales tiene en la salud física y mental?
El impacto físico
Uno de los aspectos más preocupantes del exceso de trabajo es su impacto directo sobre la salud física. No se trata de una exageración: trabajar demasiadas horas puede costar literalmente la vida.
Un estudio conjunto de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo concluye que trabajar 55 horas o más a la semana aumenta un 35% el riesgo de sufrir un ictus y un 17% de morir por una enfermedad cardíaca en comparación con jornadas de 35-40 horas. Además, estas jornadas tan largas estuvieron relacionadas con unas 745.000 muertes en 2016 en todo el mundo.
No es un problema aislado. El cuerpo humano no está diseñado para mantener niveles de estrés sostenidos durante tantas horas, y hacerlo puede dar como resultado un desgaste progresivo que se traduce en enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2 o problemas musculoesqueléticos (como dolor lumbar). Según los estudios, trabajar unas 11 horas al día puede duplicar el riesgo de depresión.
El impacto mental
Cuando el cuerpo se resiente, la mente no se queda atrás. La OMS advierte de que los entornos laborales con cargas excesivas y horarios prolongados son un factor de riesgo directo para la salud mental. Las consecuencias más comunes del “workaholism” son, por un lado, el estrés sostenido, ya que cuando no hay un descanso suficiente, el organismo permanece en estado de alerta constante.
Por otro, ansiedad y depresión, debido a que la presión por rendir, la autoexigencia y la incapacidad de desconectar pueden derivar en trastornos emocionales. No es casualidad que cada año se pidan millones de bajas laborales por esto.
También puede darse el conocido burnout o síndrome de desgaste profesional. Éste se caracteriza por agotamiento extremo, distanciamiento emocional del trabajo y sensación de ineficacia constante. Por último, cuando el trabajo deja de ser una parte de la vida para convertirse en toda la vida, se desplazan relaciones personales, ocio y autocuidado provocando un desequilibrio vital.
¿Es realmente productivo trabajar más?
Uno de los grandes mitos que rodean al “workaholism” es que trabajar más horas equivale a producir más. No obstante, la evidencia demuestra que pasa justo lo contrario. La propia OMS señala que una mala salud mental no solo afecta al bienestar individual, sino también al rendimiento laboral.
De hecho, el exceso de trabajo está asociado a mayor número de errores, disminución de la concentración, fatiga cognitiva y menor creatividad. En sectores como la sanidad, el estrés prolongado incluso se relaciona con un aumento de errores en diagnósticos y tratamientos.
Por el contrario, cuando las organizaciones cuidan la salud emocional de sus empleados son más productivas, reducen el absentismo y mejoran el clima laboral.
¿Cómo se puede prevenir?
Prevenir esta adicción al trabajo no pasa únicamente por reducir horas, hay que replantear la forma en la que se entiende el trabajo y el descanso. Se recomienda establecer límites claros entre la vida laboral y personal: fijar horarios, evitar responder correos fuera de la jornada y reservar tiempo real para desconectar. También se debe aprender a priorizar tareas, asumir que no todo es urgente y romper con la idea de que estar siempre ocupado es sinónimo de ser productivo. Distintos estudios han demostrado que un descanso adecuado no solo protege la salud, sino que mejora la concentración, la toma de decisiones y la creatividad.
