Mientras que los de Huesca son reclamo turístico en Huelva están abandonados
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A lo largo de los 415 kilómetros de los Pirineos permanecen ocultas construcciones militares que recuerdan uno de los periodos más importantes de la historia reciente de España. Son cerca de 4.000 casamatas o búnkeres que comenzaron a levantarse al final de la Guerra Civil y cuya construcción se prolongó hasta 1956. En un principio se proyectaron 10.000.
El régimen de Franco impulsó estas fortificaciones ante el temor de que la ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial continuara hacia la Península y avanzara hasta Gibraltar, dominio inglés. Tras la derrota de Adolf Hitler, el miedo cambió de dirección: ahora el régimen franquista temía una posible invasión de los aliados.
El temor a un ataque no se limitaba al norte
Muchas de estas posiciones defensivas se levantaron en puntos estratégicos de los Pirineos, incluso apuntando a infraestructuras clave como las vías del tren, con el objetivo de frenar un hipotético avance militar. Hoy algunas se han convertido en recurso turístico, especialmente en lugares como Canfranc, donde divulgadores culturales como Manuel Bueno recuerdan su historia.
El temor a un ataque no se limitaba al norte. También se fortificó el sur de la Península ante la posibilidad de un desembarco desde el norte de África. En la costa andaluza se construyeron alrededor de 800 búnkeres, muchos de los cuales permanecen hoy en estado de abandono, como los que nos encontramos en Mazagón, Huelva.
Es un mito que Franco evitase la entrada de España en la guerra mundial
Sin embargo, estas defensas nunca llegaron a utilizarse. Durante la guerra, tanto el bloque aliado como las potencias del Eje tenían interés en que España se mantuviera neutral. Así nos lo afirma el historiador Luis Horrillo, autor del ensayo “El espionaje británico y Franco. Desde Hendaya hasta Torch”. Luis señala que “ambos bandos presionaron e incluso sobornaron a generales del régimen para influir en esa decisión”. Es decir, es un mito eso de que Franco evitó por sí mismo la entrada de España en la guerra mundial. Simplemente no tuvo poder de decisión.
La España de aquellos años también fue escenario de una intensa actividad de espionaje. En la estación de Estación de Madrid Atocha llegaban agentes tanto nazis como aliados, que coincidían en lugares emblemáticos de la capital como el antiguo Embassy Tea Room, un conocido punto de encuentro de espías.
A pesar del paso del tiempo, gran parte de la documentación sobre aquel periodo tuvo que consultarla en el extranjero, nos asegura Luis Horrillo. Si bien, toda la información de los búnkeres de los Pirineos son accesibles en el archivo militar de Ávila, como nos asegura la archivera Henar Alonso. Mientras tanto, los búnkeres siguen en pie como testigos silenciosos de una época marcada por el aislamiento, el miedo a la invasión y los secretos de la geopolítica.

