Los Cazadores de Montaña del acuartelamiento de Jaca, Huesca, nos enseñan como aumentar las posibilidades de supervivencia
¿Cómo escapar de un coche atrapado en una riada?
Escapar de un alud no es cuestión de suerte, sino de preparación. Lo saben bien quienes se entrenan a diario entre rocas y nieve: los integrantes del Regimiento Galicia 64 de Cazadores de Montaña, una de las unidades más especializadas del Ejército en terreno invernal.
A simple vista, un alud puede parecer una nevada suave, casi inofensiva. Pero la realidad es muy distinta. El coronel Marcelino Mateos, al mando del regimiento, advierte con claridad: “La mayoría muere aplastados, con fracturas, y el resto por asfixia”. La nieve en movimiento se convierte en una masa compacta capaz de arrastrar, golpear y sepultar en cuestión de segundos.
Un riesgo que a menudo provoca el propio esquiador
El suboficial mayor Antonio Tena recurre a una comparación gráfica para explicar el riesgo: cuando nieva, como cuando llueve, no siempre se percibe el peligro. “Pero cuando hay una tromba de agua, ahí está el peligro. Pues el alud es como una tromba, pero de nieve”, señala.
Los expertos subrayan que, en muchas ocasiones, el desencadenante del alud es el propio esquiador que termina atrapado. También, basta con que alguien descienda por encima y fracture una placa inestable para que la nieve se desprenda y arrastre a quienes están más abajo.
Las señales pueden ser visibles para el ojo entrenado. En ocasiones, tras el desprendimiento, se distinguen huellas de esquí a ambos lados de los bloques de nieve. Eso indica que el esquiador logró descender antes de que se produjera el colapso. Si hubiera coincidido en el momento exacto con la fractura de la placa, habría quedado sepultado.
El ARVA, un elemento vital
Entre el equipo imprescindible destaca el ARVA (Aparato de Rescate de Víctimas de Avalancha), también conocido como DVA. Es un localizador que ronda los 300 euros y que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. “Si esto lo pierdes, estás muerto”, resume Tena con contundencia.
El dispositivo debe llevarse siempre en modo emisión. En caso de accidente, los compañeros lo cambian a modo búsqueda para localizar al sepultado bajo la nieve. Sin este sistema, el rescate en los primeros minutos —cruciales para la supervivencia— se complica enormemente.
Qué hacer si se desencadena el alud
Si la trayectoria del alud no es demasiado extensa y existe margen de reacción, los especialistas recomiendan desprenderse de la mochila. “Eso es sagrado”, insiste Tena, ya que el peso actúa como un ancla que dificulta cualquier intento de escape. También aconsejan buscar la protección de árboles o elementos sólidos que puedan frenar el arrastre.
Si finalmente la persona es alcanzada por la masa de nieve, debe intentar “nadar” mientras cae, realizando movimientos similares a los de la natación para mantenerse en superficie el mayor tiempo posible.
Bajo la nieve: una lucha contra el tiempo
La prueba más reveladora es la que realizan los propios militares en un entorno controlado: se dejan sepultar bajo apenas medio metro de nieve, con rescatadores al lado. La conclusión es contundente. Una vez bajo la nieve, el cuerpo apenas puede moverse. No hay espacio para flexionar las articulaciones.
En grabaciones reales se observa a esquiadores con una mano o un pie fuera de la nieve incapaces de liberarse por sí mismos. En enero, un hombre de unos 50 años falleció en Bielsa, en la provincia de Huesca, tras quedar sepultado por un metro y medio de nieve.
Si la persona queda atrapada, los expertos aconsejan crear una pequeña cámara de aire delante del rostro utilizando los codos antes de que la nieve se compacte. Ese gesto puede proporcionar hasta 15 minutos adicionales de oxígeno. También recomiendan no gritar: el esfuerzo consume más aire y, además, la nieve amortigua el sonido.
Respeto, no miedo
La montaña no debe inspirar miedo, pero sí un profundo respeto. La recomendación final de los Cazadores de Montaña es clara: nunca acudir solo, hacerlo siempre en grupo, bien equipado y entrenado, con capacidad para realizar un rescate inmediato. Porque frente a un alud, la preparación no es una opción; es la única oportunidad.

