Educación

La clave para que tu hijo sea mentalmente fuerte, según una psicóloga experta en crianza

No hay que evitarles los problemas ni centrarlo todo en el resultado
No hay que evitarles los problemas ni centrarlo todo en el resultado. Freepik
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Criar a un niño emocionalmente fuerte no es conseguir que sea inmune a todos los problemas, es dotarle de herramientas para que pueda afrontar la vida con confianza, flexibilidad y seguridad. Esto es lo que sostiene la Dra. Sheryl Ziegler, psicóloga clínica con más de veinte años de experiencia trabajando con niños y familia.

Para que un niño pueda crecer con fortaleza mental, no es suficiente con protegerlo, hay que acompañarlo, enseñarle a gestionar sus emociones, valorar su esfuerzo, fomentar su autonomía y cultivar su resiliencia.

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Con la presión escolar, redes sociales y los cambios rápidos a los que se tienen que enfrentar, la salud mental infantil se ha convertido en una prioridad. Diversos estudios muestran que lo que ocurre en la infancia marca estructuras profundas del cerebro, emociones y personalidad. Está demostrado que una crianza basada en el respeto, la empatía y el acompañamiento puede tener efectos duraderos.

Qué quiere decir que un niño sea “mentalmente fuerte”

Cuando se habla de fortaleza mental en un niño no nos referimos a dureza emocional ni tampoco evitar que tengan sentimientos. Sería al contrario: quiere decir tener una inteligencia emocional desarrollada, resiliencia, autonomía, autoestima sana y capacidad para gestionar la frustración, los errores y los conflictos. Son niños que no huyen del malestar, sino que saben cómo enfrentarlo, aprender de él y crecer.

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Según esta experta en crianza, un pilar clave es enseñar a los niños a que identifiquen sus emociones y expresarlas en un entorno seguro y respetuoso. Eso no sólo va a ayudarles a conocerse, sino que fortalece el vínculo con sus padres: saben que sus sentimientos son importantes, que pueden hablar, compartir y son escuchados.

Asimismo, un niño mentalmente fuerte sabe que el valor no está en el resultado, sino en el esfuerzo, en la perseverancia y en la actitud. Esa forma de ver los hitos vitales contribuye a que no tengan miedo a equivocarse, a que acepten errores como parte natural del aprendizaje y a que desarrollen una mentalidad de crecimiento.

La fortaleza mental también incluye la capacidad de tomar decisiones, asumir responsabilidades y construir autonomía. Un niño que sabe hacer las cosas por sí mismo como resolver problemas, ayudar en casa o gestionar sus propias emociones, está construyendo continuamente confianza interna, seguridad y un sentido real de competencia.

Claves esencial para que tu hijo sea mentalmente fuerte

Enseñar inteligencia emocional: reconocer, expresar y regular emociones

Uno de los primeros pasos es educar en emociones. Los niños tienen que saber que todas las emociones son válidas, incluidas las “malas” como la tristeza, el miedo o la frustración. Lo fundamental no es evitar las emociones negativas, sino aprender a gestionarlas.

En este sentido, padres y madres pueden ayudarles haciéndoles preguntas simples como: “¿Cómo te sientes cuando pasa eso?”, “¿Qué te da miedo?”, “¿Qué te ayuda a calmarte?”. Esa conversación les ayuda a poner nombre a lo que sienten y a entender que sus emociones importan. Es parte de lo que los expertos llaman “corregulación”, y se trata de acompañar al niño en sus emociones hasta que pueda ser capaz de regularlas por sí mismo.

También es fundamental transmitirles que no pasa nada si se equivocan: los errores forman parte del camino. Cuando los adultos validan ese proceso desde la empatía, permiten que los niños desarrollen resiliencia, en lugar de evitar el miedo o la frustración.

Celebrar el esfuerzo, la constancia y la actitud

Este es un error muy común en crianza: se tiene a valorar solo los resultados, pero se pierde de vista que la verdadera fortaleza es reconocer el proceso. El esfuerzo, la constancia, la voluntad, la perseverancia en ocasiones son mucho más importantes que un trofeo o una nota alta. Esto lo defiende esta experta, se debe elogiar lo que se hace, no solamente aquello que sale bien, para reforzar la autoestima real y la resiliencia.

Esto conlleva un cambio de mentalidad significativo. Hay que pasar del “aprendo para aprobar” al “aprendo para crecer”. Esta actitud es capaz de hacer que la motivación interna aumente, al igual que la seguridad ante los retos y la capacidad de persistir incluso cuando las cosas cuestan.

Si un niño entiende que su valor no depende exclusivamente de sus logros, sino de quién es, se va a sentir mucho más libre para intentar lo que se proponga aunque se equivoque y tenga que volver a levantarse.

Fomentar la autonomía y la responsabilidad desde pequeños

Parte de criar a un niño mentalmente fuerte es permitirle tener responsabilidades, siempre acordes a su edad y confiar en su capacidad para llevarlas a cabo. Esto le ayuda a desarrollar un sentido de competencia, autoestima y seguridad.

Según estudios sobre crianza positiva, cuando los niños crecen en entornos con límites claros, estructuras, expectativas razonables y espacio para decidir, son capaces de desarrollar una base sólida de autonomía emocional y cognitiva. No hay que dar responsabilidades pesadas o desmedidas, hay que adaptarlas a su edad, estar con ellos en el proceso y reconocer sus logros.

Crear un entorno seguro, afectuoso y con rutinas estables

La estabilidad emocional va a depender mucho del ambiente. Un hogar donde los niños se sienten queridos, escuchados, acompañados y respetados, donde hay normas claras y coherentes. Donde también hay rutinas, ya que les ofrece seguridad, reduce la ansiedad frente a lo imprevisible y ayuda a estructurar su vida emocional. Ha de haber consistencia, coherencia y cariño.

Enseñar a resolver problemas, no a evitarlos

La fortaleza mental no se construye protegiendo a los niños de todo, sino acompañándolos para que puedan aprender a resolver sus propios problemas. Es fundamental no resolverlos por ellos, tampoco hay que dejarlos solos. Se les debe guiar para que sean capaces de encontrar soluciones haciéndoles preguntas como: “¿Qué crees que puedes hacer para solucionarlo?”, “¿Qué opciones tienes?”, ”¿Qué has intentado hacer?”, y no ofrecerles todas las respuestas.

Esto les ayuda a estimular su autonomía, su autoestima, su sentido de competencia. Les ayuda a entender que los desafíos son parte de la vida, pero a pesar de ello, son capaces de gestionarlos, superarlos o aprender de ellos.