Ahmed, subsahariano y su drama: "Si me deportan y me matan puedo morir tranquilo”

"Tengo muchos sueños, el primero para mí es que quiero ayudar a mi último familiar. ¿Sabes por qué digo ultimo? Porque han muerto todos menos uno", reconoce.
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Los que no pueden ser expulsados a Marruecos son los subsaharianos que se encuentran en Ceuta después de un viaje en busca de un sueño que les ha llevado a algunos 4 años. Esperan que les sean concedido el asilo. Vienen de Sudán, de Argelia, de Guinea. Para ellos la rutina más precaria es mejor que lo que pueden encontrar en su país.
Han recorrido miles de kilómetros y han atravesado rutas muy peligrosas para conseguir el sueño europeo y no quieren renunciar al él.
Pasan los días en la Playa del Trampolín y la imagen no cambia. Siguen ahí es la espera de los que esperan sin esperanza.
Si miramos de cerca nos fijamos en lo más desprotegidos. Son medio millar de subsaharianos que huyen de países como Eritrea, Mali, o Sudán. Pero son algo más allá de un número. Para entender su drama tenemos que acercarnos aún más. Y su realidad tiene el rostro de Ahmed. Tiene 29 años y es sudanés.
"Tengo muchos sueños, el primero para mí es que quiero ayudar a mi último familiar. ¿Sabes por qué digo ultimo? Porque han muerto todos menos uno", reconoce. La guerra empezó en Sudán en 2023. 34 millones de personas han huido de una situacíon insostenible y de violencia extrema. "Gran parte del viaje lo he hecho caminando desde mi país. He tardado 4 años para entrar y por fin lo he conseguido. Si me deportan y me matan puedo morir tranquilo”, dice Ahmed.
"Necesitan acceder al procedimiento de asilo. Una persona solicitante de protección internacional tiene garantizada la aplicación del principio de no devolución, es decir, no puede ser expulsada o devuelta hasta que no se resuelva su petición", señala Mauricio Valiente, director General de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)
Como él, muchos podrían ser deportados porque la situación legal ahora mismo de todos ellos es muy delicada y complicada. Su vida se ha converitfdo en un limbo que se hace eterno. Reciben comida de la Cruz Roja una vez al día y, una vez al día, les curan las heridas.
"No, no tengo miedo. Creo que todos morimos una vez, nadie puede morir dos veces", reconoce Ahmed.
Porque dicen que cuando no tienes nada, no tienes miedo a perder.

