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GLP o GNC: principales diferencias, ventajas y desventajas de este combustible y cómo saber si te conviene

El GLP y GNC se posicionan como una alternativa real a la gasolina y al diésel
El GLP y GNC se posicionan como una alternativa real a la gasolina y al diésel. Freepik
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Cada vez son más los conductores que se preguntan si merece la pena cambiar a un coche a gas. Con las restricciones medioambientales extendiéndose por las grandes ciudades y el precio del combustible situándose en récords intermitentes, el interés por alternativas más limpias y económicas crece cada año. Dos grandes opciones son el GLP (Gas Licuado del Petróleo) y GNC (Gas Natural Comprimido).

Ambos prometen prácticamente lo mismo: ahorro, eficiencia y acceso a zonas restringidas, pero son combustibles diferentes. No se repostan en las mismas gasolineras, tampoco ofrecen la misma autonomía ni tienen los mismos costes de instalación o mantenimiento. Escoger uno u otro puede marcar la diferencia entre amortizar la inversión en pocos años o acabar gastando más de lo que se pensaba.

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A día de hoy, los coches eléctricos siguen sin ser una opción real para todos los bolsillos, pero el gas se mantiene como un puente intermedio entre el diésel y la electrificación total. Cada vez es más común encontrar modelos híbridos de GLP en marcas como Dacia o Renault, y el GNC continúa siendo una apuesta en flotas profesionales o conductores que recorren muchos kilómetros. Pero, ¿cuál conviene más?

¿Qué son el GLP y el GNC?

Lo primero es entender qué es cada tipo de gas. Por un lado está el GLP, también conocido como autogas. Se trata de un gas licuado del petróleo compuesto principalmente por una mezcla de gas propano y butano. Por su parte, el GNC es gas natural comprimido, compuesto principalmente por metano. Este gas requiere depósitos más específicos y una alta presión de almacenamiento.

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Aunque ambos son clasificados como “vehículos a gas” y pueden llevar la etiqueta ECO de la DGT, no son intercambiables. Un coche diseñado para GLP no puede llevar GNC y viceversa.

Diferencias entre GLP y GNC

Una de las principales diferencias es que el depósito es diferente. Los coches de GLP suelen tener un depósito ubicado en el lugar de la rueda de repuesto en el maletero, y la conversión para GLP es mucho más común. Sin embargo, los depósitos de GNC tienen que ser de alta presión, unos 200 bar, y ocupan más volumen, lo que puede quitarle espacio al maletero.

La red de abastecimiento de ambos gases es diferente. Para el GLP hay unos 800 puntos de repostaje en España, mientras que el GNC tiene muchas menos estaciones, lo que hace más complicada su operatividad para usuarios que hacen muchos kilómetros por zonas sin cobertura.

Por otro lado, está su consumo, potencia y autonomía. Aunque ambos ayudan a reducir costes frente a la gasolina, tienen matices. Por ejemplo, el GLP puede hacer una pérdida de potencia ligera, de entre un 5 a 10%, frente a la gasolina a causa de su menor densidad energética. En el caso del GNC, dependiendo del uso, podría necesitar más energía para la misma distancia, lo que reduce algo su eficiencia.

Ambos combustibles obtienen la etiqueta ECO de la DGT, lo que les permite acceder a ciertas ventajas como son las Zonas de Bajas Emisiones, y también pueden recibir bonificaciones. En cuanto a emisiones contaminantes, el GNC suele tener una ventaja ligeramente mejor, sobre todo si se utiliza biometano, mientras que el GLP sigue siendo muy competente frente a la gasolina o diésel.

Por último, está su precio. Tradicionalmente ambos combustibles eran muy baratos frente a la gasolina, pero con la llegada de la crisis energética, el GNC se situó unos 10 céntimos más barato que la gasolina y unos 11 céntimos más barato que el diésel. El GNL, está en torno a un 13% menos.

Ventajas y desventajas del GLP y del GNC

Aunque el GLP y el GNC se metan en el mismo saco bajo la etiqueta “vehículos a gas”, su funcionamiento, costes y beneficios son diferentes. Ambos pueden ofrecer ahorro y ventajas medioambientales, pero también tienen limitaciones prácticas que conviene tener en cuenta antes de dar el paso.

Por un lado, el GLP se ha consolidado como la opción más popular entre los conductores particulares. Su principal ventaja es que combina ahorro y facilidad de uso. Repostar este tipo de gas es fácil, existen más de 800 estaciones operativas en España, un número que duplica al del GNC, y el precio por litro ronda los 0,90 euros, frente al 1,60 euros de la gasolina. Este diferencial da un ahorro de entre un 30% y 40% en combustible. Además, todos los coches con GLP cuentan con la etiqueta ECO de la DGT, lo que da acceso a zonas de bajas emisiones y bonificaciones en aparcamientos o peajes como hemos mencionado anteriormente.

Es un combustible relativamente estable y menos contaminante que los tradicionales, con menos emisiones de CO2, partículas y óxidos de nitrógeno. Además, hay muchas marcas apostando por este tipo de vehículos creando versiones bifuel.

Pero no son todo ventajas, ya que aunque el ahorro por kilómetro es real, la inversión inicial o coste de conversión no siempre se amortiza rápidamente, para notar la diferencia hay que hacer muchos kilómetros, y si se utiliza poco el coche, el beneficio no se nota. Además, el depósito de gas suele quitarle espacio al maletero.

Luego encontramos el GNC que es un combustible incluso más limpio que el GLP, al estar compuesto casi íntegramente por metano, sus emisiones de CO2 son un 25% que las de la gasolina y puede reducir los óxidos de nitrógeno hasta en un 85%. Si se emplea biometano, las emisiones pueden ser prácticamente neutras.

Sin embargo, la gran barrera del GNC continúa siendo la infraestructura. En toda España apenas hay 150 estaciones de repostaje, las cuales están concentradas en grandes ciudades y rutas de transporte, lo que hace complicado su uso diario. Cuando se tiene un coche eficiente, pero no hay donde repostar, el ahorro pierde sentido.

El depósito del GNC también es más voluminoso y pesado, lo que va a reducir notablemente la capacidad del maletero. Además, aunque el gas natural ha sido históricamente barato, la volatilidad de su precio tras la crisis energética de 2022 lo ha hecho menos predecible, reduciendo su ventaja económica.