Una opción con una lógica más cercana al renting que a la compra
Cuándo es más barato repostar el coche: ¿entre semana o los fines de semana?
La promesa suena tentadora: estrenar cada poco tiempo un coche nuevo, con tecnología de última generación, sin tener que preocuparse por averías y con una cuota mensual aparentemente asequible. Es el modelo que se impone en concesionarios de casi todas las marcas, y que ha sido impulsado por propuestas como “Renault Preference”, que permite financiar un vehículo con una entrada inicial, pagos mensuales y la opción de cambiarlo por otro nuevo cada tres a cinco años. Pero más allá del atractivo de estrenar coche con regularidad, conviene analizar si este modelo resulta realmente ventajoso o si, al contrario, estamos perpetuando un gasto más elevado del que imaginamos.
En la práctica, este sistema no es muy diferente de una suscripción con compromiso, ya que se abona una entrada, se asumen unas cuotas mensuales y, al finalizar el periodo pactado, se puede devolver el coche, pagar la cuota final para quedárselo o iniciar una nueva financiación con otro vehículo. El ciclo se reinicia, pero rara vez se logra amortizar completamente el valor del coche anterior. En la mayoría de estos planes, el comprador apenas cubre la pérdida de valor del coche durante los primeros años, el periodo en que más se deprecia, y vuelve a endeudarse con un vehículo nuevo, sin haber capitalizado el anterior.
Esto se debe a un fenómeno económico muy claro, el de la depreciación acelerada de los coches nuevos. Varios estudios afirman que un turismo pierde entre el 20% y el 30% de su valor en el primer año, y hasta un 50% en los primeros cuatro. Cuando se renueva en ese margen temporal, rara vez se alcanza un punto de equilibrio entre lo pagado y lo que realmente vale el vehículo. En otras palabras, se está alquilando, no comprando, aunque el contrato tenga forma de financiación.
El Banco de España ha publicado recomendaciones específicas al respecto, advirtiendo sobre la necesidad de calcular el coste total de la operación, incluyendo no solo el precio de venta, sino también los intereses, comisiones de apertura, posibles seguros vinculados, servicios adicionales y la cuota final. En muchos casos, esta última representa hasta el 40% del valor del coche, lo que condiciona enormemente la decisión final, dado que o se paga una suma elevada, o se entrega el coche y se empieza de nuevo.
A esto hay que sumar los gastos asociados al cambio constante: nuevas matriculaciones, impuestos, seguros renovados y, en algunos casos, penalizaciones por cancelación anticipada o por desgaste excesivo del vehículo entregado. Además, si se pactó un valor garantizado que no se alcanza al devolver el coche, el comprador debe abonar la diferencia.

¿A quién puede interesar esta fórmula?
Según los expertos en automoción, esta puede ser una opción interesante para quienes recorren pocos kilómetros al año, desean evitar imprevistos mecánicos y valoran tener un coche nuevo sin realizar grandes desembolsos iniciales. También puede ser una buena alternativa para quienes, por cuestiones laborales o fiscales, pueden desgravarse parte de los costes del vehículo, como ocurre con ciertos autónomos o empresas.
Pero incluso en estos casos, la recomendación siempre es hacer números primero. Mantener un coche en propiedad durante 10 años, bien cuidado y con mantenimientos al día, es una de las formas más eficientes de reducir el coste por kilómetro. Frente a eso, el cambio frecuente supone una fuga de recursos constante, disfrazada de comodidad.
Hay, además, una dimensión psicológica que no conviene ignorar. Las ofertas con cuotas mensuales bajas pueden inducir a pensar que se está gastando menos, cuando en realidad se están perpetuando pagos indefinidos. En este sentido, el consumidor se convierte en una suerte de abonado a su coche, sin generar patrimonio ni recuperar parte de lo invertido. Es una lógica más cercana al renting que a la compra, aunque el marketing insista en hablar de propiedad.
Por eso, la decisión de renovar el coche cada pocos años no debe basarse únicamente en el atractivo comercial de las ofertas, sino en un análisis racional y detallado de cada caso. ¿Qué uso le vas a dar al coche? ¿Cuántos kilómetros recorres al año? ¿Te compensa pagar intereses y comisiones repetidamente por el simple hecho de estrenar modelo? ¿Estás dispuesto a asumir un endeudamiento periódico a cambio de comodidad?


