Lorenzo Silva, escritor: “Es bueno vivir sin un rebaño que te ampare, como Miguel Campins”
El autor publica una biografía novelada de Miguel Campins, general africanista que se opuso al alzamiento militar en 1936
Franco intercedió por él sin éxito cuando fue condenado a muerte por un tribunal militar a las órdenes de Queipo de Llano
Lorenzo Silva (Madrid, 1966) se define a sí mismo como un novelista inclinado a escudriñar la “historia con minúscula” más que como un biógrafo o historiador académico. Su vinculación con la temática militar y el Protectorado de Marruecos es profunda y personal; su abuelo, Lorenzo Silva Molina, fue un sargento veterano de las campañas africanas, cuya memoria ha inspirado gran parte de su obra. Siguiendo la máxima de su padre de “vivir sin rebaño” y actuar por convicción, Silva ha consolidado una trayectoria literaria centrada en la memoria y la lealtad, con títulos como ‘Del Rif al Yebala’, ‘Carta blanca’, ‘Siete ciudades en África’ o ‘Recordarán tu nombre’, culminando con la vida del general Miguel Campins una exhaustiva labor de investigación sobre la integridad humana en tiempos de guerra. “Es bueno vivir sin un rebaño que te ampare, como le pasó a Miguel Campins”, explica Lorenzo Silva en una entrevista con Noticias Cuatro.
Nacido en Alcoy y marcado por una temprana orfandad, Campins forjó su carácter en una "recia soledad" que lo acompañaría toda su vida. Su infancia y adolescencia, transcurridas en internados desde La Habana hasta Madrid, moldearon a un hombre con una imperiosa necesidad de valerse por sí mismo y una fortaleza interior excepcional. A diferencia de otros militares de su época, Campins destacó no solo por su disciplina, sino por una curiosidad intelectual que lo llevó a dominar idiomas como el árabe, el francés y el inglés, convirtiéndose en un oficial reflexivo y meticuloso con una visión de conjunto poco común.
El prestigio de Campins alcanzó su cénit intelectual como Jefe de Estudios de la Academia General Militar de Zaragoza, bajo la dirección de Francisco Franco. Allí se convirtió en el principal artífice de un sistema pedagógico innovador que buscaba formar oficiales como "hombres, soldados y caballeros". Campins creía firmemente que el oficial debía ser, ante todo, un educador ilustrado, imbuido de un código de honor que incluía hacerse querer por sus subordinados. Su labor en la Academia fue el legado de una vida dedicada al estudio y a la mejora de las instituciones militares españolas.
Sin embargo, el destino le reservaba una prueba final en julio de 1936, cuando fue nombrado comandante militar de Granada. En medio del estallido de la Guerra Civil, Campins se encontró en una angustiosa "tierra de nadie", intentando mantener la lealtad al Gobierno legalmente constituido mientras buscaba evitar un derramamiento de sangre fratricida. Su resistencia inicial a las órdenes de Queipo de Llano para declarar el estado de guerra y su negativa a armar a las milicias populares reflejaron su firme compromiso con la legalidad y su rechazo a la violencia gratuita. Esta postura de integridad, que buscaba la paz en medio del delirio, le granjeó la desconfianza y la hostilidad de los sublevados.
Tras ser destituido y procesado en un juicio sumarísimo carente de garantías, el general Campins fue ejecutado en Sevilla el 16 de agosto de 1936. Murió con la conciencia tranquila de quien nunca faltó a su palabra de caballero ni derramó una gota de sangre sin que lo dictara el deber. Su ejecución, impulsada por la implacable voluntad de Queipo de Llano y permitida por la pasividad de antiguos compañeros, puso fin a la vida de un militar que, hasta el último momento, fue esclavo de su propio honor y de un concepto elevado de la milicia.
Franco intercedió por él sin éxito, pues en esos primeros compases de la guerra no tenía el poder que alcanzó meses después. La historia de Campins permanece como el testimonio de un hombre que, incluso en la derrota, mantuvo la dignidad que otros perdieron en el fragor del odio.
