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Martxell llegaba dispuesto a conseguir que su tronista tuviera la cita más agradable del programa, junto con él y la noche madrileña. Indhira, por su parte, le concedía esta segunda cita para conocer más al vasco, quien empezaba con halagos y piropos y terminaba aún con más halagos y piropos. Tantos que Indhira se asustaba al escuchar de boca de su pretendiente que ella misma encarnaba la "pefercción" o que tiene un misterio que le encanta. Martxell intentaba complacer a su tronista, pero Indhira terminaba la cita quejándose de su poca espontaneidad y naturalidad.










