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Descubre en exclusiva cómo son las tribus de la nueva temporada de 'Perdidos en la tribu'

En esta nueva temporada, el destino de las tres familias será el más difícil y exigente de los que hemos visto hasta el momento, ya que las tres tribus elegidas son algunas de las descartadas anteriormente por la dureza de sus costumbres, de su entorno, de su clima o de la personalidad de sus habitantes.

De nada les servirá a las familias creerse con la ventaja de haber visto ya dos ediciones del programa. Nunca antes habrían imaginado un mundo más desconocido y diferente que el mundo en el que van a vivir durante varias semanas y al que tendrán que adaptarse para convertirse en un miembro más.
La tribu de los ‘Suri’
Los Suri viven en el sudoeste de Etiopía (África) y son considerados como una de las tribus guerreras más fieras de la región. Viven en pequeñas chozas, generalmente hechas con ramas, se dedican principalmente al pastoreo y se alimentan de leche de vaca, carne y de los cereales que cultivan. En la comida, la tradición dicta que el hombre come primero y come todo lo que puede y quiere. Después, y respetando la jerarquía, las mujeres y los niños pueden comer lo que ha quedado. Una de sus tradiciones exige provocarse el vómito después de ciertas comidas, así consiguen purificarse tanto por dentro como por fuera.
Los Suri mantienen con orgullo sus tradiciones, entre las que se encuentra el extraordinario plato que lucen las mujeres en labios y orejas, una vez dilatados estos miembros del cuerpo. Estos platos reflejan el poder de quien los lleva y les permite obtener una dote matrimonial más suculenta. Algunos pueden llegar a medir hasta 40 centímetros de diámetro. Los Suri practican la poligamia y son muy sensibles al arte, sensibilidad que suelen mostrar a través de su cuerpo o de pequeños ornamentos: les gusta grabar dibujos hechos con cicatrices en su propia piel, llevar pinturas corporales o adornarse con anillos, brazaletes, cinturones… Sus dibujos y tocados son espectacularmente bellos y con ellos expresan todo tipo de sentimientos, desde el amor o el poder hasta el deseo o el estatus social. Esta deslumbrante variedad de dibujos corporales es una expresión cultural más importante para los Suri que la música o la danza. Los hombres suri muestran una total desinhibición a la hora de tocarse: muestra de ellos es que a la hora de realizar sus grabados en la piel, se pintan unos a otros completamente desnudos. Las escarificaciones y mutilaciones que se infligen son también signos de elegancia, de fortaleza y de valor.
Uno de sus ritos más característicos es el llamado DONGA. Después de la cosecha los jóvenes se juntan para una serie de luchas violencias con bastones que simbolizan la masculinidad, la rivalidad personal, el prestigio o la búsqueda de una esposa. Los participantes luchan de dos en dos y van quedando eliminados hasta que tan sólo quedan dos luchadores. De ahí saldrá el vencedor. El Donga es un torneo agresivo en el que los golpes son fuertes y violentos.
La tribu de los ‘Shiwar’
La tribu Shiwiar vive en la selva del Amazonas. Los hombres visten con faldas hechas de paja y las mujeres se cubren además los pechos con hojas de palmera. Son un pueblo muy afable y divertido al que le encanta estar de broma. Aunque su forma de ser es muy particular: no suelen mirar a la cara cuando hablan, sin embargo no dejan de ser risueños y accesibles. Su comida diaria consiste en una papilla llamada ‘chicha’ que se elabora de una forma sorprendente: las mujeres golpean una planta de yuca, escupen sobre ella y la dejan fermentar. Sólo entonces está preparada para comer. Los Shiwiar también comen monos, caimanes, tortugas o unos enormes gusanos algo difíciles para el paladar occidental.
En los poblados existen unas hormigas cuyo picotazo duele como una bala y puede llegar a provocar alucinaciones, así como una especie de peces cuya mordedura puede llegar a paralizar una parte del cuerpo. Además conviven con enormes tarántulas. Los Shiwiar son muy espirituales y supersticiosos, y mantienen una estrecha relación con el medio ambiente y la vida natural. Es por eso que utilizan los recursos naturales para hacer medicinas y para fabricar venenos con los que matar animales y poder comer. Una de sus habilidades más elaboradas es la extracción del curare, una potente neurotoxina que utilizan en dardos para cerbatanas.
La tribu de los Tamberma
El pueblo Tamberma vive en Togo, al oeste de África. En esta tribu, la arquitectura es muy peculiar. Viven en curiosas construcciones con forma de torres, unidas entre sí por unas paredes que parecen de barro pero que en realidad son de excrementos de vaca. Y duermen en pequeños agujeros en lo alto de las casas, a los que tienen que acceder de espaldas, de modo defensivo. Estas especies de castillos fortificados fueron muy efectivos en su momento a la hora de defenderse de otras tribus dispuestas a atacarles. Además, les protegen del calor de la región y de la humedad en época de aguaceros. Maestros del barro, las cañas y las piedras, los Tamberma viven en una sociedad algo ruda en la que las mujeres trabajan muy duro pero en la que no tienen ni voz ni voto. Por ejemplo, la recogida de excrementos de vaca para las paredes de las casas es una tarea sólo reservada a ellas.
Los Tamberma fuman en pipas de calabaza y subsisten gracias a la agricultura, la caza y la pesca. Entre sus alimentos se incluyen los murciélagos y, en ocasiones, hasta los perros, considerados casi una delicatessen. El agua es un tema muy serio para la tribu, se trata de un bien sagrado y escaso con el que no se debe jugar. Cuando los jóvenes se convierten en hombres la tradición dicta que tienen que adentrarse en el bosque sagrado completamente desnudos. El chamán del poblado es lo más parecido a un médico local: cura a través de ‘sanaciones’ y para ellas suele necesitar hacer ofrendas y sacrificios, generalmente con animales.