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La nueva vida de Dosen: de la mina de coltán a la escuela

Dosen tiene 8 años, y toda su vida la ha pasado en una mina de cobalto del Congo. Desde que su madre murió, trabaja con su padre para poder comer. El Congo posé más de la mitad del cobalto del planeta y también el 80% de la producción mundial de coltán, dos minerales indispensables para fabricar nuestros teléfonos inteligentes. Sin embargo, en este Estado fallido, sumido en una guerra civil que ya se ha cobrado más de 5 millones de vidas, su inmensa riqueza mineral es también su mayor condena. Muchas explotaciones mineras se convierten en el lucrativo negocio de los grupos armados que explotan y someten a las poblaciones adyacentes para utilizarlos como mano de obra: si no sacan coltán, no comen, no viven. Según UNICEF, se estima que más de 40.000 niños son explotados en el Congo. Dosen ha tenido suerte. Una ONG que trabaja en la zona le ha propuesto a su padre hacerse cargo de él. Se lo llevarán a un hogar de acogida, a cientos de kilómetros, y le darán durante unos años la educación que su padre no puede permitirse. Su padre ha accedido, y le aconseja:“Estudia duro y no te pelees”. Tras varias horas de viaje, Dosen conoce su nuevo hogar. También por primera vez en su vida dormirá en una cama. El conflicto armado que vive el Congo lo convierte en un país ingobernable, donde el tráfico con minerales de sangre a través de las fronteras es algo habitual. Un ejemplo de ello es la vecina Ruanda que figura como uno de los principales productores mundiales de coltán y sin embargo no tiene ningún yacimiento. A pesar de que las grandes  multinacionales han firmado protocolos para acabar con el tráfico ilegal de estos minerales y la explotación infantil, se sigue mirando hacia otro lado. Dorsen ha escapado del infierno, esta mañana no necesita ir a la mina para poder comer. Las manos de Dosen, que hace unas semanas se mostraban cubiertas de barro sacando coltán, se esmeran hoy en escribir su primera letra en la pizarra. En el colegio donde estudiará no hay tablets, ni dispositivos electrónicos fabricados con minerales de sangre; mientras tanto, a cientos de kilómetros, su padre sigue cavando.