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Jon Sistiaga: ¡Papi, cómprame un Kalashnikov!

Jon Sistiaga viaja al corazón de la América más profunda, la heredera de la tradición y las esencias del salvaje oeste, para retratar el mundo de los defensores de las armas
Las periódicas matanzas en institutos o supermercados no asustan a estos padres, que se gastan miles de dólares en estas fechas para comprar a sus niños los caprichos que ven en violentos videojuegos. El fácil acceso a alta tecnología armamentística, conjugado con una ideología radical, da como resultado la proliferación de organizaciones paramilitares de ultraderecha.
Aquí no necesitamos psiquiatras ni divanes. Aquí tenemos armas automáticas, eso si es una buena terapia... Lo dice uno de los organizadores del Festival de la Metralleta de Knob Creek, en Kentucky. Un lugar en los EEUU donde niños de cuatro años disparan con las armas automáticas de sus papas y se familiarizan desde muy pronto con el olor a pólvora y la sensación de vaciar un cargador contra algo.
Los niños tienen que empezar muy jóvenes a disparar, dicen ante la cámara de Cuatro padres orgullosos de que sus críos manejen ya con soltura revólveres o subfusiles. El reportero, que ha visto muchas veces escenas parecidas en Afganistán, en Irak o en Palestina, se queda con la boca abierta al ver que en este lugar, en pleno corazón de EEUU, los niños saben disparar un M-16 o montar y desmontar una UZI israelí. Muchos de estos pequeños han escrito su carta a Santa Claus pidiéndole la última versión del Kalashnikov o un manual de instrucciones de cómo hacer bombas caseras.. Y Santa Claus se lo trae..