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Jon Sistiaga: Infierno Guantánamo

Durante años, un número indeterminado de presos, sospechosos de estar vinculados a Al Qaeda y a los talibanes, fueron recluidos en la prisión de Guantánamo. Este lugar, que pertenece a Estados Unidos pero no es considerado territorio estadounidense, se convirtió en un limbo legal, donde podían ser retenidos sin pruebas, sin acceso a abogados, torturados e interrogados sin ninguna de las garantías que establecen las leyes internacionales
En Infierno Guantánamo, un especial de Noticias Cuatro que se estrena el viernes 18 de septiembre, Jon Sistiaga viaja a ese agujero negro de los derechos humanos para hablar con carceleros y guardias, y para intentar retratar la miserable vida diaria de los presos.

La censura militar ha sido implacable con el reportero, al que ha mutilado el 40% del material grabado. Por eso, en el reportaje se ofrecen testimonios de ex presos de Guantánamo y sus abogados grabados en lugares como Londres, Madrid o Washington que sirven para contrastar la versión amable que esa censura intenta dar de la prisión. "Aquí se les trata de manera segura, humana, legal y transparente", insiste el Almirante Thomas Copeman, al mando de la misión. Sin embargo, al reportero no se le permite contactar con los presos, ni hacerles preguntas, ni sacar sus caras, ni por supuesto, grabar sus gritos de socorro. Todo queda, como mucho, almacenado en la memoria. Como los gritos desesperados de los reclusos del Campo Cinco, el de máxima seguridad, donde están los más duros o los más irreductibles. "Son unos mentirosos, no creas a los guardianes. Son torturadores", gritan a través de los ventanucos de sus celdas al periodista.
En Guantánamo todo está pensado para ir robando, poco a poco, la dignidad de cualquier preso. En la biblioteca de la cárcel insisten que a los reos les encanta leer Harry Potter, pero que no les dan ningún texto legal o sobre derechos humanos para que no puedan utilizarlos a su favor. En la cocina dicen que les preparan seis menús diferentes, pero al final, como dicen muchos ex presos, nadie evita que el guardián de turno escupa en el plato. En el hospital aseguran que sobre todo curan heridas y magulladuras que los presos se hacen... jugando al fútbol. El coronel Vargo, encargado de interrogar a los detenidos ironiza ante la cámara: "Pues claro que aquí no torturamos. No se por que se describe este sitio como una especie de Neverland, de país de nunca jamás. No es así..."
Jon Sistiaga entra también en el conocido como Campo Rayos X, aquel infame lugar donde los presos llegaban vestidos con monos naranjas, y aislados sensorialmente con antifaces y orejeras. Ahora es un paraje abandonado lleno de ratas y serpientes, pero todavía, al pasear por esas celdas, se puede sentir esos sonidos del pasado en forma de gritos, humillaciones y torturas.
El reportaje muestra incluso las salas donde se interrogaba a los prisioneros y donde, como reconocen muchos ex presos, eran sometidos a todo tipo de vejaciones. "Nadie te quita el estigma de haber pasado por Guantánamo. Siempre hay alguien que te mira como diciendo: seguro que es un terrorista", reflexiona Moazzan Beg, puesto en libertad sin cargos ni acusaciones después de tres años en la isla.