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Cómo el Prestige y el chapapote mataron a Man, el artista alemán

Man llegó a la playa de Camelle en el año 1962, procedente de Alemania, donde dejó a su familia. Tuvo contacto con uno de sus hermanos, pero renegó con el resto de la familia. Hoy en día su cabaña es centro de peregrinación y muchas de las personas que acuden al paraje, sueñan con él. Cobraba 100 pesetas a quienes le pedían que les enseñara sus obras, y legó 120.000 euros para la creación de un museo y la preservación de su legado, que se está echando a perder, por ser un museo vivo. Guardaba más de 3.000 libretas que dejaba a los turistas para que dibujaran qué les había sugerido el paisaje.