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Sara la Kali, la santa gitana

Cada 24 y 25 de mayo el pueblo francés de Lei Santei Marias de la Mar recibe la visita de miles de gitanos llegados de toda Europa para asistir a la procesión de Santa Sara la Kali, virgen de tez morena y patrona universal de su raza. Y lo hacen desde el aire, desde el mar y desde la tierra en un magno acontecimiento periodístico y social sin parangón en todo el mundo y que alcanza el cénit cuando la procesión de la Santa llega al mar.

Cuenta la leyenda que, en el año 42, un barco cargado con cristianos zarpó de Palestina huyendo del ataque de los judíos. En ese barco viajaban María Magdalena y sus discípulas María Salomé y María Jacobé. Dicen que iba con ellas una esclava egipcia, Sara. Cuando un temporal azotó la embarcación, Sara prometió servir a Dios si se salvaban de morir ahogados. El mar se calmó y llegaron hasta las costas de este pueblo que a partir de entonces se bautizaría como Las santas María del Mar.
 Todo gitano debe peregrinar a Lei Santei Marias una vez en su vida. Cada año, a finales de mayo, cientos de caravanas  conforma una pequeña ciudad improvisada dentro del pueblo. El cercano camping de la Brise también está atestado. Vienen como pueden, aunque sea en furgoneta o en coche. Todo vale con tal de poder tocar a la virgen morenita. Allí nos encontramos con un gitano español afincado en Marsella que nos cuenta lo mucho que añora a sus parientes de Almería.
La peregrinación es, además, una ocasión estupenda para trabar amistad o incluso ligar con gitanos de otros clanes, en incluso de otros países. Las mozas pasean su belleza por el mercadillo y aprovechan para conocer a los hombres. Eso sí, férreamente vigiladas por sus hermanos.
La celebración reporta ingresos a Santas Marías del Mar y atrae a buen número de turistas y curiosos. Con todo, muchos habitantes del pueblo no ven esta fiesta con buenos ojos. “Este pueblo está harto. Se convierte esto en una ciudad de gitanos y cada vez ponen más cemento para que no nos podamos poner”, nos comenta José, apodado ‘el Bardem gitano’.  Una panadera de allí prefiere no mojarse, pero observa que aparcan por todo el pueblo y siembran el pánico. José la comprende y tampoco simpatiza con los vándalos que dan mal nombre a su raza: “Mucha gente hace lo que quiere. Piden pan, no lo pagan. Son gitanos, son pesados”.
Por otra parte, hay lugareños que, como Rafi, esperan esta fiesta con auténticas ganas. Esta murciana pisó la Camarga y se enamoró de ella. Aquí vive y trabaja de camarera, pero es ahora cuando más disfruta: “Esto es maravilloso, me encanta”.
Acompañamos a Rafi a una fiesta amenizada por el rumbero catalán Ricao. Pese a no ser muy conocido en nuestro país, le acompaña una legión de fans y los realizadores de un documental.
Pero el duende en Santas Marías del Mar alcanza su máxima expresión en la guitarra de Manitas de Plata. Abriéndose paso entre la multitud como Moisés en el Mar Rojo, encontramos al aclamado mundialmente como rey de los guitarristas gitanos. Desde hace más de 50 años, este eminente peregrino acude a la procesión y asistimos al evento que le reconoce como ciudadano e honor del un pueblo del que ha sido embajador en todo el mundo.
La familia Baptiste, desde hace casi 80 años, tiene el privilegio de portar sobre sus hombros la imagen de la Santa Sara (ver vídeo). “Para nosotros es un honor que exista esta procesión, porque la consideramos como nuestra y es un honor guiar a la santa”, comenta el mayor de los hijos. El patriarca de la saga se emociona con cada momento de la ceremonia, además de por su honda devoción, por el recuerdo de su padre y su hermano fallecidos.  
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