Los hábitos que comparten muchas personas que viven más de 90 años, según varios estudios
Estudios sobre centenarios revelan que la longevidad no depende de un factor único, sino de una serie de buenos hábitos sostenidos en el tiempo
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Cada vez que se habla de longevidad aparece la misma pregunta: ¿qué comparten la gente que supera los 90 años con buena salud? La ciencia todavía no tiene una fórmula mágica porque hay varios factores que entran aquí, pero sí ha identificado patrones que se repiten con bastante frecuencia entre las personas más longevas.
Lo más llamativo es que, en general, no tienen nada que ver con soluciones extremas ni con rutinas imposibles, se trata de hábitos bastante reconocibles: moverse de forma constante, comer de forma sencilla, mantener vínculos sociales, dormir bien y evitar conductas de riesgo como fumar.
No existe un único secreto
Lo primero que conviene dejar claro es que vivir muchos años no depende únicamente de portarse bien. La investigación en longevidad insiste en que los centenarios no son todos iguales y que en biología es importante. Aun así, los expertos coinciden en que el estilo de vida sigue siendo una pieza clave para aumentar las posibilidades de llegar a edades muy avanzadas con más autonomía y menos carga de enfermedad.
Por esto, más que hablar de trucos, hay que hablar de patrones. Éstos aparecen una y contra vez en diferentes grupos de centenarios: menos tabaco, más movimiento, dieta más vegetal y menos ultraprocesada, lazos sociales más sólidos, menos aislamiento y una manera de vivir menos enfocada en el exceso.
Se mueven más, aunque no siempre hagan ejercicio formal
Uno de los hábitos más repetidos entre las personas longevas es la actividad física, pero no necesariamente entendida como entrenamiento intenso o gimnasio. La evidencia más reciente indica que el movimiento regular se asocia con mejores posibilidades de alcanzar edades más avanzadas.
Muchas de las personas más longevas no entrenaban de la manera en la que hoy se entiende el ejercicio, pero sí que vivían en entornos donde caminar, subir cuestas, cuidar un huerto o moverse a diario formaba parte natural de su rutina. No hacían del esfuerzo una excepción, sino una costumbre.
Alimentación sencilla, variada y más vegetal
Otro rasgo destacable es el predominio de alimentos vegetales, legumbres, menos procesados, menos productos animales y, en general, una dieta poco estridente. Los patrones dietéticos asociados con la longevidad se unen en varios principios: priorizar alimentos vegetales, grasas de menor calidad, menos sodio, moderación calórica y horarios más ordenados.
Aunque muchos estudios han popularizado la idea de una alimentación mayoritariamente vegetal, esa visión no quiere decir que todas las personas longevas sean vegetarianas. Lo que sí demuestra es que no consumen en exceso carne procesada, no picotean continuamente y tampoco tienen una dieta muy industrializada.
Fuman menos o no fuman
Si hay un hábito que aparece con especial claridad en los estudios, es el no fumar. No haber probado el tabaco fue uno de los factores individuales más claramente asociados con la longevidad extrema.
No resulta sorprendente: el tabaquismo sigue siendo uno de los mayores factores de riesgo evitables para enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades pulmonares y mortalidad prematura. Lo más interesante es que incluso al estudiar a personas muy mayores, la diferencia continuaba apareciendo. Esto refuerza una idea importante: nunca deja de importar cómo se vive.
Mantienen vínculos sociales y se aíslan menos
Otro de los hallazgos más sorprendentes tiene que ver con la vida social: la longevidad también depende de con quién se comparte la vida. Cuando menos aislada está una persona mayor, más probable es alcanzar esta longevidad deseada.
El aislamiento social y la soledad se relacionan con peores resultados físicos y mentales en los mayores, incluidos más riesgo de hipertensión, cardiopatía, depresión, deterioro cognitivo e incluso muerte.
Llevan una vida menos acelerada y más regular
Aunque sea difícil de medir, muchos estudios y análisis sobre longevidad describen en las personas centenarias una vida relativamente ordenada: horarios más previsibles, menos exposición crónica al exceso y rutinas sostenibles durante décadas. Varias investigaciones han resumido este patrón en hábitos como comer con moderación, mantener un ritmo diario estable, moverse de manera natural y cuidar el entorno social.
No quiere decir que todas hayan vivido sin estrés o problemas, pero sí que han llevado un estilo de vida menos caótico que el que hoy domina en muchas sociedades urbanas.
Duermen razonablemente bien
El sueño parece menos relevante que la dieta o el ejercicio, pero también es un factor importante. Los estudios no permiten decir que dormir más, por sí solo, garantice una larga vida, pero sí que muestran que la buena calidad del sueño se asocia con un envejecimiento más favorable.
No se trata de perseguir una cifra exacta de horas, sino de dar al sueño la importancia que se merece dentro de todo el conjunto de hábitos protectores.
Muestran ciertos rasgos psicológicos repetidos
Las personas muy longevas parecen compartir una combinación de estabilidad emocional, cierta capacidad de adaptación y una relación menos hostil con la vida diaria. Una revisión sobre personalidad y envejecimiento exitoso concluye que determinados rasgos pueden influir en la salud porque condicionan conductas, adherencia a hábitos, relaciones sociales y capacidad de afrontar circunstancias.
No buscan la perfección
Quizás este es el rasgo más interesante de todos: las personas más longevas no parecen tener vidas perfectas, pero sí hábitos suficientemente buenos mantenidos durante mucho tiempo.
En lugar de pensar que la longevidad es una carrera de suplementos, restricciones radicales o rutinas imposibles, la evidencia muestra que lo que suma suele ser lo más básico repetido durante años. Lo que hay que pensar es que envejecer bien no empieza a los 90, comienza mucho antes, en la vida cotidiana y no exige sacrificios, sino buenas decisiones.
