La aventura del Plus Ultra que cruzó por primera vez el Atlántico Sur: cómo es volar en un avión de hace cien años

La aventura del Plus Ultra que cruzó por primera vez el Atlántico Sur: cómo es volar en un avión de hace cien años
Noticias Cuatro visita el museo aeronáutico de Montevideo donde nos cuentan el episodio de Rada, el mecánico de vuelo.. Noticias Cuatro
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 “Vas a volar en  ese”, Miguel Salas, piloto de la Fundación Infante de Orleans no señala el biplano Fleet 2. Tiene casi cien años queremos saber cómo es volar en un avión de la época para intentar aproximarnos a los que sintieron esos pioneros de la aviación española que en enero de 1926 cruzó el Atlántico Sur desde Palos de la Frontera hasta Buenos Aires. Aquel aparato se llamaba Plus Ultra y se puede decir que sentó las bases de lo que hoy recorren a diario los vuelos transoceánicos.

Cuatro años antes, aviadores portugueses habían logrado unir Portugal y Brasil en una hazaña admirable, pero lo hicieron con tres aviones distintos y en 79 días. Los españoles, en cambio, completaron la travesía en un solo aparato y en 18 jornadas. Fue una proeza técnica y de navegación que marcó un antes y un después en la aviación de larga distancia. Siete años antes, los ingleses John Alcock y Arthur Brown cruzaron el Atlántico Norte, sin escalas, pero si hizo desde Terranova hasta Irlanda, cerca las islas del Norte. 

El Plus Ultra era un Dornier Wal, más grande y con casco metálico. Nuestro avión de recreación, más pequeño y entelado, deja ver la fragilidad de aquellos pioneros: asiento de metal, listones de madera, tecnología básica. Un simple tubo con flotador rojo indica el nivel de combustible. Nada de pantallas ni sistemas digitales. Entonces, arrancar el motor ya era una declaración de intenciones.

Siete etapas a una velocidad de 170 km/h

Levantamos el vuelo para dar un par de vueltas y tratar de imaginar lo que supuso aquel trayecto. Fueron siete etapas a una velocidad media de unos 170 kilómetros por hora, con una autonomía de alrededor de diez horas. Hubo tramos al límite del combustible. Desorientarse significaba caer al mar.

No solo era despegar. Era orientarse. En tierra reconocemos edificios y carreteras; sobre el océano, cualquier desviación mínima en el timón se amplificaba en cientos de kilómetros fuera de rumbo. La tripulación se guiaba con brújula, radiogoniómetro , novedoso en la época, y sextante, como los navegantes del siglo XV. Miraban a las estrellas para confirmar la ruta. En el Museo de Aeronáutica y Astronáutica del Ejército del Aire y del Espacio su director Félix Manjón nos revela las dificultades que tenían los pilotos para poder orientarse en pleno vuelo.

Un hermano de Francisco Franco, al mando de la expedición Plus Ultra

Al mando de la expedición Plus Ultra iba Ramón Franco, militar y aviador, hermano de Francisco Franco. Las tensiones políticas no impidieron que la misión avanzara. Junto a él volaron Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada. Este último, mecánico de la expedición y cabo de reemplazo, protagonizó uno de los episodios más recordados. En el museo de la Fuerza Aérea de Uruguay Gabriela Machado y Pablo E. Rodríguez nos relatan como se vivió en la época el recibimiento de la aeronave, también nos muestran algunos de los objetos que dejaron en Uruguay y nos destacan la importancia de Rada

La travesía incluyó escalas en Canarias, Cabo Verde, Brasil y Uruguay antes de alcanzar Buenos Aires. En Montevideo, el recibimiento fue multitudinario, con ecos de tango y celebraciones que consolidaron la dimensión simbólica del vuelo para ambas orillas del Atlántico. El avión original quedó finalmente en Argentina, donado como gesto de fraternidad.

El éxito del Plus Ultra sentó las bases de la aviación intercontinental. Un año después, en 1927, el Atlántico sería cruzado en solitario por Charles Lindbergh. Asi que cuando cruce el Atlántico rumbo a Iberoamérica sepa que si es posible es porque cien años antes los del Plus Ultra lo lograron. No era solo volar: era abrir camino.