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El lago oculto dentro de una isla donde puedes nadar con miles de medusas sin peligro

Lago de las medusas. Cortesía de Turismo Palaos
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En el Pacífico existe un lugar que parece inventado por alguien con demasiada imaginación: una isla boscosa, con forma de Y, que esconde varios lagos interiores. El más famoso está en el lado este y se conoce como el Lago de las Medusas. Pues bien, se ha popularizado la idea de que allí se puede nadar rodeado de miles de medusas “sin peligro”.

Sin embargo, ese “sin peligro”, en realidad, significa “sin el riesgo habitual de una picadura fuerte”, no “cero picadura”. La clave está en el tipo de lago, su aislamiento, y en cómo ese aislamiento ha cambiado la vida que prospera dentro.

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Un lago marino atrapado en tierra

La explicación geológica que suele darse es simple. Lo que antes fue un pequeño golfo terminó convirtiéndose en un lago de agua salada, conectado al mar solo por un paso mínimo. Esa conexión limitada creó una suerte de cápsula, que a la postre supone un ecosistema con reglas propias, donde las medusas quedaron lejos de depredadores del océano.

En palauano, el lago se conoce como Ongeim’l Tketau. Y su “milagro” turístico nace de un fenómeno biológico: las medusas siguen teniendo células urticantes, pero su efecto sobre humanos es muy distinto al que asociamos con el mar abierto.

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“No son inofensivas”, pero su picadura suele ser leve

La Coral Reef Research Foundation (CRRF), que investiga el lago, lo aclara de forma tajante, afirmando que estas medusas sí tienen células urticantes. La diferencia es el impacto, ya que en este caso su picadura suele ser muy leve y resulta esencialmente inofensiva para las personas.

Esa frase explica la fama del lugar sin vender humo: el baño es posible porque, en la práctica, la mayoría de visitantes no sufre el “latigazo” clásico del contacto con una medusa marina. Pero hay un matiz que importa, ya que si alguien es especialmente sensible o alérgico, se recomienda considerar ropa protectora.

La CRRF también describe un comportamiento casi hipnótico: con el amanecer, las medusas se desplazan hacia el este, siguiendo el sol; cuando el sol pasa, vuelven a moverse hacia el oeste. En la práctica, eso se traduce en un espectáculo vivo: una “migración diaria” dentro de un lago cerrado.

Por qué se puede nadar… y por qué no conviene improvisar

Este no es un sitio para ir “a lo loco” solo porque el titular diga que no hay peligro. La primera regla es clave: solo nado en superficie o snorkel. En este lago el buceo está prohibido, y existe cierto riesgo asociado a las capas profundas de agua por el sulfuro de hidrógeno. Y es que normalmente existe una capa de sulfuro de hidrógeno y este puede atravesar la piel. Las consecuencias de esto pueden incluir el desmayo.

Es decir: el “paraíso” tiene un suelo químico que no conviene tentar. Y además, en Palau, el Lago de las Medusas no es una atracción abierta sin más; se menciona que es el único lago abierto a visitantes.

Un lugar frágil, con control y con cierres reales

Este lago forma parte de un territorio especialmente protegido. Un comunicado del Gobierno de Palaos sitúa estos lagos dentro de las Rock Islands Southern Lagoon y recuerda que son “entornos únicos” que apoyaron su inscripción como Patrimonio Mundial, por lo que se trata de un área protegida por la UNESCO.

Por eso ha habido cierres y reaperturas. De esta forma, el lago lleva abierto sin cierres solo desde el año 2018, cuando el Gobierno anunció que, según las condiciones y la recuperación del lugar, tenía suficientes medusas como para ofrecer una experiencia de calidad, y que, aun abierto, se mantendrían a salvo. 

A pesar de la apertura, se mantiene una limitación de lo más característica, y es que está prohibido bañarse en sus aguas usando protectores solares tóxicos para los arrecifes, citando un informe que encontró productos de protector solar muy extendidos en el lago como fuente para esta restricción.

En cualquier caso, es importante saber que llegar hasta este emplazamiento no es bajar del coche y zambullirse. En la ruta más habitual se menciona una expedición en barco desde Koror a las Islas Roca y después una caminata de menos de una hora hasta el lago. Quizá por eso impacta: porque te obliga a entender, antes de entrar, que estás accediendo a algo raro y delicado.

En definitiva, es cierto aquello de que puedes nadar entre miles de medusas con un riesgo muy bajo de picadura fuerte. Pero el privilegio requiere de un respeto exquisito del ecosistema y de las normas, además de ser conscientes del hecho más básico, que este lago no es una piscina natural. Es una excepción biológica que sigue viva porque no se le trata como un parque acuático.