¿Cuáles son los signos y evidencias en niños con Asperger?
Detectar el perfil Asperger a tiempo permite adaptar el entorno educativo y emocional, reduciendo la frustración del niño y favoreciendo su bienestar
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Detectar el síndrome de Asperger en niños puede resultar un auténtico desafío para muchas familias. Este patrón de comportamiento forma parte del trastorno del espectro autista (TEA) y afecta la forma en que un niño se relaciona, comunica y responde al mundo que le rodea. Tradicionalmente conocido como Asperger, este perfil suele manifestarse desde la temprana infancia, incluso si no es reconocido hasta más tarde en la niñez. Lo fundamental es conocer qué hay que observar, cómo interpretar las señales y cuándo es necesario buscar evaluaciones profesionales.
Qué es el Asperger y por qué se debe observar como parte del espectro autista
El término “síndrome de Asperger” se usó durante décadas para describir una forma de autismo caracterizada por dificultades en la comunicación social, comportamientos repetitivos y un rango restringido de intereses, pero no se muestran retrasos significativos en el lenguaje ni en desarrollo intelectual general. Hoy estos rasgos se encuadran dentro del trastorno del espectro autista, concretamente en el espectro con funcionamiento intelectual medio o algo y con lenguaje formal desarrollado.
Aunque la denominación “Asperger” sigue en uso coloquial, las guías diagnósticas actuales consideran que estos comportamientos forman parte del TEA de nivel leve, lo que refleja la continuidad entre diversos grados de autismo.
Uno de los primeros ámbitos en los que suelen aparecer señales compatibles con el perfil Asperger es la interacción social. Muchos niños muestran desde edades tempranas una manera diferente de relacionarse con los demás: les cuesta iniciar conversaciones espontáneas, mantener un intercambio fluido o darse cuenta. No es que ellos no quieran relacionarse, sino que no siempre saben cómo hacerlo o interpretan las situaciones sociales de una manera más literal y rígida.
Es común que presenten dificultades para comprender el lenguaje no verbal como gestos o miradas, lo que puede provocar malentendidos frecuentes. El contacto visual suele ser escaso o poco sostenido, debido a que les resulta incómodo o poco natural. Cuando juegan con otros niños, pueden referir juegos muy estructurados, aunque también suelen escoger actividades solitarias o relacionarse con adultos.
A diferencia de otros perfiles del espectro autista, muchos niños con Asperger desarrollan el lenguaje de forma temprana y correcta desde el punto de vista gramatical. Lo que suele resultar diferente es su uso social del lenguaje. Pueden comunicarse con un vocabulario muy rico, frases elaboradas o un estilo excesivamente formal para su edad.
También les cuesta adaptar su discurso a la situación o a la persona con la que hablan. Asimismo, pueden tener dificultades para entender el lenguaje no literal: ironías, bromas, metáforas o dobles sentidos ya que suelen interpretarlos de manera literal, lo que puede generar confusión o malentendidos. Puede dar la impresión de frialdad o rigidez comunicativa, cuando en realidad se trata de una forma diferente de procesar la interacción social.
Otro rasgo característico en muchos niños con Asperger es la presencia de intereses muy intensos y específicos, que ocupan gran parte de su atención y conversación. Estos intereses pueden variar, pero suelen abordarlos con un nivel de detalle y profundidad poco habitual para su edad. No es una simple afición, sino de una auténtica fuente de seguridad, motivación y disfrute.
Suelen mostrar una fuerte necesidad de rutinas y previsibilidad. Los cambios interpretados, aunque sean pequeños, pueden generar ansiedad, enfado o bloqueo emocional. En ciertos casos, suelen mostrar una fuerte necesidad de rutinas y previsibilidad. Los cambios inesperados, aunque sean pequeños, pueden generar ansiedad, enfado o bloqueo emocional.
Además, pueden aparecer comportamientos repetitivos o estereotipados, como balancearse, mover las manos o repetir palabras o frases, sobre todo en momentos de estrés o sobreestimulación. Estas conductas no tienen una función “extraña”, ayudan al niño a autorregularse y a encontrar estabilidad en un entorno que les parezca caótico o impredecible.
Además de las particularidades sociales y comunicativas, muchos niños con perfil Asperger presentan dificultades en la gestión emocional y en la adaptación de los cambios. Suelen experimentar las emociones de manera más intensa, pero les cuesta identificarlas, expresarlas o regularlas adecuadamente. Esto puede traducirse en estallidos emocionales, llanto inesperado, enfado desproporcionado o bloqueos ante situaciones que para otros niños resultan manejables.
La flexibilidad cognitiva también suele ser comprometida. Los niños con Asperger se sienten más seguros cuando todo sigue un orden claro y predecible, por lo que los cambios de rutina, las normas poco definidas o las situaciones sociales ambiguas pueden generarles un elevado nivel de ansiedad. En contextos como el aula, el recreo o en actividades grupales, pueden sentir frustración o sensación de desbordamiento.
Hay que sumarle, en muchos casos, una hipersensibilidad sensorial: ruidos fuertes, luces intensas, ciertas texturas o multitudes que pueden resultar especialmente molestos. Esta sobrecarga sensorial influye directamente en su estado emocional y en su comportamiento, y puede explicar porque hay ocasiones en las que reaccionan con evitación, irritabilidad o aislamiento.
