El emocionante encuentro de Renzo, un niño de 6 años de El Raval y León XIV

El emocionante encuentro de Renzo, un niño de 6 años de El Raval y León XIV. Cuatro
  • El Papa ha contestado a todas las preguntas de Renzo: ha hablado de fútbol, de fe, de sufrimiento y de la importancia de cuidar a los mayores.

  • Renzo ha cumplido su sueño de conocer al Papa protagonizando uno de los momentos más emotivos de su visita a Barcelona.

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La visita del Papa al Raval no es casual. Aunque está experimentando una gran transformación ese barrio, donde está la Iglesia de San Agustí, sigue estando marcado por desafíos como la pobreza o la integración. De sus más de 45.000 habitantes, más de la mitad es población extranjera con una renta un 33% por debajo de la media de la ciudad.

Un barrio en el que las entidades sociales trabajan con personas sin hogar, migrantes, personas con adicciones o mujeres víctimas de trata. Ese es el relato del barrio más humilde de Barcelona. En el vídeo que han puesto al Papa para entender la realidad del Raval está Renzo.

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La familia de Renzo está al borde del desahucio y él con tan solo 6 años en un contexto dificil de explicar. En el vídeo Renzo escribe una carta al Papa. Pero no ha hecho falta enviársela porque hoy ha podido leérsela en persona. Estas han sido sus preguntas. ¿Le gusta el fútbol? ¿De pequeño querías ser Papa? ¿Por qué mi mamá y papá están preocupados? ¿Por qué mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y otros, no? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? ¿Nadie los ve? ¿Nadie los ayuda? ¿Cómo podemos ayudar si el mundo es tan grande? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? Y ¿Por qué hay tantos abuelos solos, si son tan importantes? La carta concluye con una última pregunta: ¿Hay que perdonar siempre? "Un fuerte abrazo, Renzo".

Y Robert Prevost le ha confesado su pasión por el tenis, pero también cómo durante sus años de obispo en Perú le gustaba seguir a los equipos de fútbol locales, además de recordar que, ya como papa, ha recibido a clubes de fútbol y otros grupos deportivos.

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Ambos se abrazan al terminar. “Ya he conocido al Papa. Ahora solo me falta conocer a Lamine Yamal. Bueno, y a Leo, a Leo”, dice un emocionado Renzo, nacido en Buenos Aires y que lleva tres años y medio en Barcelona, junto a sus padres y hermanas Camila, de 13 años, y Victoria.

Renzo le ha hecho un verdadero interrogatorio con preguntas personales que no ha dudado en contestar, incluso para hablar de fútbol en vísperas del Mundial: "El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos".

El pontífice ha recordado que habitualmente juega al tenis y que de joven jugó al fútbol americano, "un poco más violento", mientras que durante su tiempo en Trujillo, en Perú, jugó al fútbol con los seminaristas. "De defensa si lo quieren saber, no era un gran goleador", ha aclarado el pontífice. También ha explicado que su primera experiencia como seguidor de un Mundial fue en España con el de 1982. El papa ha señalado que "un poco de deporte hace bien para todos". "Hay que estar bien en cuerpo, mente y alma, es parte de mi vida", ha dicho. Y ha añadido que "quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida".

Luego Renzo ha leído su carta: "¿Te gusta el fútbol?"¿Has querido ser papa?¿Por qué el papa trabaja tanto?...." Y Robert Prevost le ha confesado su pasión por el tenis, pero también cómo durante sus años de obispo en Perú le gustaba seguir a los equipos de fútbol locales, además de recordar que, ya como papa, ha recibido a clubes de fútbol y otros grupos deportivos.

El niño le ha preguntado si de pequeño quería ser papa: "Bueno, Renzo, ni cuando joven, ni cuando viejo, Nunca lo pensé", le ha respondido. "Todo niño es un sueño de Dios. Tú también lo eres. Dios desea la felicidad de todos y quiere que, desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños, capaz de confiar, lleno de bondad; quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él", le ha contestado el papa.

Por otro lado, el papa ha confesado que "no es fácil encontrar la respuesta" a la pregunta sobre por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y, en cambio, a otras no", pero "pensar en la vida de Jesús" puede "ayudar" a entenderlo. "Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor", ha añadido.

También ha hablado de los abuelos que son "muy importantes en la vida de las familias" y "nunca deberían quedarse solos" porque son ellos los que muchas veces han cuidado antes a los nietos para que los padres puedan trabajar y han ayudado a los niños "a conocer el amor a Dios y al prójimo, para que eche raíces en sus corazones y un día lleguen a ser hombres y mujeres de bien".

"No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos", ha reclamado.

A la última pregunta de Enzo, sobre cómo podemos perdonar, León XIV ha explicado a este niño que "perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón", ha concluido el papa.

Ambos se abrazan al terminar. “Ya he conocido al Papa. Ahora solo me falta conocer a Lamine Yamal. Bueno, y a Leo, a Leo”, dice un emocionado Renzo, nacido en Buenos Aires y que lleva tres años y medio en Barcelona, junto a sus padres y hermanas Camila, de 13 años, y Victoria.

A la conversación con Renzo se ha sumado el encuentro que el Papa ha tenido con representantes de asociaciones que trabajan con personas vulnerables. Algunas de ellas con adicciones, riesgo de exclusion social o mujeres víctimas de la trata. León XIV da un mensaje: no se puede normalizar la soledad y el abandono de los adultos mayores.

Si el Papa quería encontrarse con las minorías, nada mejor que acudir a esta iglesia, a Sant Agusti de El Raval, una iglesia humilde.