Rafael Yuste, neurobiólogo: “Por primera vez podemos descifrar, cambiar y manipular el cerebro”

El reputado neurocientífico madrileño publica ‘Neuroderechos’, un viaje hacia la protección de lo que “nos hace humanos”
Aboga por preservar el “santuario de la mente”: de la decodificación neuronal a la salvaguarda de la identidad
La neurociencia moderna ha llegado a un punto de inflexión donde el estudio del cerebro y la protección de la dignidad humana se entrelazan de forma inseparable. Rafael Yuste, el neurobiólogo español más reconocido internacionalmente, explora en ‘Neuroderechos’ (Paidós) cómo la neurotecnología permite registrar y, en casos experimentales, alterar la actividad neuronal, el núcleo que genera la mente, la personalidad y la conciencia humana. “Por primera vez podemos descifrar, cambiar y manipular el cerebro”, explica en una entrevista con Noticias Cuatro.
Ante la capacidad técnica emergente para descifrar pensamientos, recuerdos y percepciones sensoriales, surge la necesidad urgente de establecer un marco legal global que proteja lo que nos hace humanos frente a las posibles intrusiones tecnológicas en nuestra intimidad más profunda.
Inspirado por el legado de Santiago Ramón y Cajal, a quien considera el padre de la disciplina, Yuste -que dirige el centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia- ha dedicado su trayectoria a mapear las que el maestro español llamó "selvas impenetrables del cerebro".
Su liderazgo científico fue fundamental para el lanzamiento de la Iniciativa BRAIN bajo la presidencia de Barack Obama en 2013, un proyecto masivo destinado a desarrollar herramientas innovadoras que permitan comprender el código neuronal.
Este esfuerzo internacional ha permitido hitos técnicos sin precedentes, como el mapeo completo de la actividad de cada neurona en organismos simples, acercando a la ciencia al desciframiento de los mecanismos fundamentales de la inteligencia.
Momento Oppenheimer
Sin embargo, el éxito en el laboratorio ha traído consigo lo que Yuste denomina su "momento Oppenheimer": la toma de conciencia sobre los riesgos existenciales y éticos de estas herramientas. Experimentos realizados en su grupo demostraron que es posible controlar el comportamiento de ratones activando apenas una docena de neuronas, manipulando su percepción visual de modo que actúen como marionetas biológicas.
Este descubrimiento subraya el peligro inminente para la privacidad mental y el libre albedrío si tales técnicas se aplicaran a seres humanos sin una regulación estricta que prevenga la manipulación externa de la voluntad o la identidad personal.
Un nuevo Renacimiento para curar el Alzheimer o la esquizofrenia
La respuesta a este desafío ha cobrado fuerza en el ámbito jurídico internacional, con Chile a la vanguardia tras aprobar la primera enmienda constitucional del mundo que protege específicamente la actividad cerebral. A este esfuerzo pionero se han sumado estados norteamericanos como Colorado y California, que han promulgado leyes para proteger los neurodatos como información altamente sensible. A través de la Fundación Neuroderechos, se trabaja intensamente con organismos como la ONU y la UNESCO para que el derecho a la identidad mental y la protección contra sesgos neurotecnológicos se reconozcan como nuevos derechos humanos universales.
Pese a los riesgos, el futuro de la neurotecnología promete un "nuevo Renacimiento" que podría transformar la medicina, permitiendo curar enfermedades hoy incurables como el Alzhéimer o la esquizofrenia. Bajo el principio ético de Tikkun Olam o "reparar el mundo", la visión de Yuste aboga por una sociedad donde la ciencia impulse el humanismo en lugar de amenazarlo. El reto definitivo de nuestra generación será garantizar que, mientras desentrañamos los secretos biológicos de nuestra mente, los guardarraíles éticos permanezcan firmes para proteger el santuario último de la libertad individual.

