JON SISTIAGA: El mural de los narco-mártires de Tepito

cuatro 21/10/2008 17:11

Hay en Tepito una pared con los rostros de medio centenar de vecinos del barrio. Le llaman "El Mural de los Ausentes". Representa una especie de manifestación de almas en blanco y negro de todos aquellos que han muerto en los últimos años baleados por cuitas del narcotráfico. Sus familias, orgullosos de ellos en vida, pagan para que artistas locales dibujen sus rostros en las paredes de un barrio al que muchos, incluido el alcalde de la ciudad de México, denominan "fábrica de delincuentes".

Preguntamos por sus nombres a un vecino que se acerca a curiosear, pero sólo sabe decirnos sus motes: el robagallinas, el roñas, el costroso... Así son aquí los alias de los sicarios. Nombres de guerra del menudeo de la droga que en Tepito suenan casi, casi narco-chic. Los delincuentes expuestos como heroes. Los narcos elevados a referencia cultural para los niños que todos los días pasan por delante del mural para ir al colegio. Todos aspirando a tener pronto un alias para ganar puntos en la jerarquía de las calles. Cultura de la marginalidad. Vive rápido y muere joven, pero que nadie te de órdenes. Filosofía narco que eleva el individualismo a paradigma existencial. Ellos creen en su derecho a hacer dinero de la manera que sea. El paroxismo del capitalismo, aunque ellos no hayan escuchado nunca las palabras paroxismo y capitalismo...

Tepito vive en un bucle vital donde comerciantes honrados intentan sacar adelante sus pequeños negocios pero deben de justificar, porque así ha sido toda la vida, porque aquí todos se conocen, los pequeños y grandes trapicheos del resto de sus vecinos. Pequeños, porque este barrio es la mayor factoría de copias piratas y falsificaciones de CDs, DVDs y ropa de México, y grandes porque aquí, disimulados entre los más de 10.000 puestos de venta ambulante que hay en sus calles, se puede comprar desde cocaína a kalashnikovs.

Se percibe una ambiente de impunidad, de relajación, ante las actividades delictivas de los demás, que puede que sea la explicación de lo que está pasando ahora en México. Se ha mirado para otro lado durante demasiado tiempo, y se le ha dejado a los malos demasiados espacios de poder, de presencia cotidiana. Se han acostumbrado a convivir con el tráfico de armas, el de drogas, el de mujeres, el de animales protegidos..

Tepito es todo un catálogo de infracciones de cualquier código penal. Aquí no entra cualquiera. O vas acompañado de alguien de dentro o acabarás pagando "el impuesto a la ingenuidad". Es decir, te van a robar todo lo que lleves. Por eso tenemos que dejar en el hotel los relojes, las carteras y vestir de manera discreta, o como dicen aquí, "de perfil bajo", para no llamar la atención. Hoy son fiestas en Tepito. Nuestro enlace nos presenta a la gente de dentro y somos recibidos con sonrisas, aunque uno no sabe muy bien qué significan.

En medio del barrio, un ring. En breve comienza un combate de máscaras contra cabelleras. Todo un rito cultural en México que ahora estamos conociendo en España a través de los combates de Pressing Catch que emitimos en Cuatro. Claro que en Tepito los luchadores no son tan glamourosos como en la tele. Su estética es más bien cutre. Les sobran los michelines y la mala leche. Arengan al público con gritos como "hijos de la gran chingada" y decenas de niños les escupen y les insultan al grito de "queremos sangre". Mientras, sus padres aplauden y ríen orgullosos las fanfarronadas de los críos. Me quedo mirándolos y pienso que ese ring es un reflejo de una sociedad enferma de ilegalidad.

Ese combate, el bueno contra el malo, el débil contra el fuerte, tan básico, tan ancestral, es un código común para cualquier persona en cualquier lugar, sólo que aquí, en Tepito, la gente quiere que gane el malo...

Jon Sistiaga, desde México D.F

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