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Pedriño no quiere compartir, quiere ser solo de su madre

En el último momento, Manu llamaba a la puerta de Pedriño desbaratando sus planes. El gallego le pidió que le acompañara al altar, dando así la razón a Mary quien decía no tenerlas todas consigo pero, a pesar de todo, dio su consentimiento de buen grado. Sin embargo, Pedriño tomó otra decisión: colocar el anillo en el dedo de Mary porque “de momento solo quiero quererte a ti y no quiero compartirme con nadie más que no seas tú”.

Manu se marchó a trabajar y dejó a Pedriño con un finalista forzoso, Ángel. Sin embargo, el gallego prefirió decirle adiós a su candidato y esperar a que Manu cumpliera su promesa de regresar. Lo hizo, algo tarde, pero lo hizo. Cuando Pedriño ya contaba las horas para la gran final, Manu se plantó en su puerta con un tulipán blanco símbolo de pureza. Esta vuelta provocó un giro radical en los planes del gallego: “Tú siempre descolocándome porque ya había tomado una decisión”. Manu intentaba convencerle: “He venido para ver si se puede retomar, si no, me iré por la puerta”, le decía.
El soltero era un mar de dudas: “pensé en ti, te eché de menos… Ahora estoy hecho un lío, falta nada para la gala y no aparecías…”, reflexionaba en voz alta. Pero tomó una rápida decisión: “quiero que vengas al altar, por llamarlo de alguna manera”, le decía. Pedriño creía vivir un guion cinematográfico: “es como una peli esto… ‘Stripper y caballero”.
De traje, pero con su estilo, Pedriño llegaba horas después hasta Luján Argüelles. Junto a ella confesaba que su madre, gracias al programa, “ha aprendido mucho del mariconeo”, es más, reconocía sentirse mejor porque lo ocurrido “me ha ayudado bastante a liberarme del todo, a saber lo que piensa”. “Piensa que eres un golfo”, le decía Luján; “sí ¿no? ¿Por qué pensará eso?”, se preguntaba él.
Finalmente llegaba Mary luciendo un look que muchas jóvenes quisieran. Americana, tocado y unas mayas de vinilo doradas a juego, Mary conseguía dejar a su hijo con la boca abierta, “es una mezcla de Madonna y Lady Gaga”, decía Luján. “Estoy nerviosa, no lo puedo remediar, no las tengo todas conmigo ¿eh?”, decía Mary, “me sorprende a cada momento”. Y entonces entró Manu… “¡No te digo yo! ¡Acerté! ¡Lo sabía! Me dio el alma”, decía Mary, pero ambos se fundieron en un largo abrazo.
“Manu se fue por trabajo a hacer sus cositas y me quedé bastante desencajado”, explicaba Pedriño a su madre, “me dijo que volvería pero no lo tenía muy claro, tomé una primera decisión y luego él apareció y me volvió a desestabilizar todo”. Quería dejar muy claro que lo que le molesta no es su trabajo: “es por quedarme como esperando, es como ser mujer de un torero”, decía provocando las risas de todos, “te quedas en casa como pensando ¿vendrá con los cuernos y el rabo?”, replicaba Luján. Pedriño seguía dando explicaciones y Mary le ordenaba: “¡Déjate las uñas!
Entonces intervenía Manu para terminar de convencerle, incluso dejando abierta la posibilidad de dejar su trabajo: “La atracción es evidente,  y mi trabajo tiene que acabar en un momento y ya está”.
Luján pedía a Mary su consentimiento, pero la gallega no tenía que darlo: “yo no tengo nada que decir, son ellos dos, no vengo a romper nada, si quieren probar es cosa de ellos”. Mary veía que a su hijo le brillaban los ojos, cree que es un poco celoso y explicaba que quiere ser especial y único para su pareja. Además, dejaba claro que aunque no le gustara su trabajo, Manu sí le gustaba: “tengo los mejores pensamientos, creo que es una bellísima persona, creo que está muy asesado… Que tiene el seso de arriba muy bien puesto”. Por ello, concluía: “Tiene mi consentimiento y mi apoyo para todo”.
Entonces tomaba la palabra Pedriño y se dirigía primero a Manu: “para mí no solo eres cuerpo, morbo, como se quiera llamar, eres una gran persona, en ningún momento me ha importado tu profesión”. Luego, tocaba hablar de su madre, explicaba que ha aprendido mucho de ella “flipo porque nunca dejo de aprender, cada día es distinto…”
A Mary se le saltaban las lágrimas. “No llores”, le decía Pedriño, “pues termina”, le pedía ella. “Que la quiero, la adoro, cada vez me veo más parecido con ella y es un honor parecerme a ella, cada vez soy más señora pero por ella y me encanta”, continuaba diciendo Pedriño y anunciaba su decisión: “Te lo voy a poner a ti, te lo voy a poner porque de momento solo quiero quererte a ti y no quiero compartirme con nadie más que no seas tú. Te quiero mami”.
Se abrazaron, todos aplaudieron, incluido Manu, y Mary hablaba: “Te doy las gracias que me hayas escogido pero tienes que pensar que tienes que volar… [llora] y no puedo hablar más que si no voy a llorar. Tienes que volar, ya sé que me quieres y yo no hace falta que te lo diga”.
Así, Manu y Pedriño se marchaban del brazo y Manu salía solo tras ellos.