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Tres son multitud

Los granjeros empiezan a tener las cosas claras, tanto que a algunos parecen sobrarle chicas en su casa y empiezan a tomar medidas.

Las cibernovias ya están más que instaladas y hechas a la familia. Algunas parece que han estado en sus vidas desde siempre, otras, por el contrario, no hacen ningún esfuerzo por quitarse el estigma de chicas de ciudad y adaptarse a las costumbres del campo.
Elisabeth y Betsaida no se molestan en disimular sus desavenencias. La canaria ha dejado muy claro que ambas no pueden participar de las mismas conversaciones. Da igual que hablen de turismo, trabajo, operaciones de estética o escarabajos, nunca conseguirán llegar a un acuerdo. La tensión entre ellas no parece afectar a Jonathan y Rebeca, que se limitan a observar como las peleas de ambas mujeres son cada vez más frecuentes. Jonathan terminará por pedirle a la tinerfeña que abandone la casa de sus tíos.
En Casarabonela , Luis se ha cansando de no mojarse. No se ha convertido en un jinete impulsivo de pronto, él sigue a su ritmo, pero empieza a tener claro con quién quiere pasar la mayor  de su tiempo. Y esto no sentará nada bien entre sus compañeras. Yuna, vegetariana  y con miedo al mar, no encaja bien en la vida de un deportista al que le gustan los toros. Ambos asumen que la valenciana no encontrará su sitio en Málaga.  Maica, que se defiende mucho mejor con los caballos que sus rivales, pierde terreno en asuntos amorosos. Y Arantxa empieza a ser la causa de los suspiros de Luis.
Elo asegura que no se alborota, pero su presencia en cualquier lugar es garantía de discusiones y disputas.  Trata de ganarse a Ángela, pero, al no conseguirlo, buscará amigarse con una Gloria con la que siempre estuvo enfrentada. Su carácter cambiante y la necesidad de ser el centro de atención permanente agotarán la paciencia de un César que suspirará tranquilo cuando la catalana abandone Cevico de la Torre.
En Mota del Cuervo, el pueblo de Román, Nica sigue ajena a lo que ocurre en la cabeza de Román.  Ella continúa en su mundo de canciones y modelitos poco adecuados para trabajar en el campo. Las chicas no podrán quejarse de poca integración en la vida castellana, disfrutarán en peñas en las que son recibidas con curiosidad, vaquillas, cenas con amigos… Pero también tendrán momentos de intimidad que servirán para que Román y Yésica se vayan acercando, al menos, todo lo que le permite la canaria.
Melendi se debate entre las presiones de Eva para que se conozcan más, las broncas de Vivi por no ir al dentista y prestarle atención a una Vanesa que trata de adaptarse lo mejor que puede a la vida rural. Acostumbrado a estar solo, el asturiano está perplejo ante tanta mujer proactiva.
Gustavo, que consigue disfrutar de la trashumancia cuando se encuentra  a solas con Meli y Cristina, está también cansado del mal ambiente que crea Vanesa  entre sus chicas. Sus continúas enfermedades y las faltas de respeto acaban saturándole tanto que termina por pedirle a la gallega que abandone su casa en mitad de la noche. Sólo así podrá dedicarle tiempo a su único objetivo: enamorarse.
Aceptar una invitada más en casa, a veces, trae complicaciones.  César, Gustavo y Jonathan saben que no pueden perder el tiempo cuando, a pesar de que la meta esté tan clara, resulta tan complicado encontrar esposa.