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Teresa da una lección de agallas a Román

Román se queda sin una de sus pretendientas por no saber afrontar los problemas con valentía.

Teresa sufre epilepsia de ausencia, una enfermedad que lleva padeciendo toda su vida. Las fuertes emociones pueden provocarle falta de oxígeno y por ello debe evitar, en la medida de lo posible, los estados de ánimo que le produzcan mucha excitación, buena o mala.
Esta era la primera vez que Teresa le confesaba a un hombre su problema, y lo hacía esperando comprensión por todas esas veces en las que necesita apartarse para controlar su ánimo. Sin embargo, tras el momento de sinceridad absoluta, solo consiguió arrancar de Román siete palabras: ‘Nos vamos a la cama, ¿o qué?. Va siendo hora’.
Estaba claro que a Román le incomodaba la situación, no quería escuchar nada de lo que Teresa tenía que decir y optó por la opción más fácil, aún a sabiendas que esto tuviera consecuencias.
Lo curioso es que la noche antes, Román había sido pañuelo de lágrimas de Yésica y su actitud distaba años luz de su comportamiento con el problema de Teresa. Su afecto por ella estaba claro

Después de la tormenta…

Teresa tuvo toda la noche para meditar y en el desayuno echó los restos. Ni corta ni perezosa le plantó a Román, así, con el estómago vacío, una buena dosis de realidad: ‘¿Quieres que me quede en la granja o no?’.
Román actuó con total inmadurez: ‘Por gustar sí, pero si esto se repite a menudo…lo primordial es la salud y ahora es un problema, un yuyu’.
Hizo de una enfermedad totalmente controlada por Teresa un asunto de causa mayor, y permitió que ésta abandonara la granja por temerle a lo desconocido. ‘Soy un mierda, no se si he tomado la decisión adecuada, pero muerto el perro se acabó la rabia’, reconoce Román.
Así es la excusa oficial, la que se calló podría ser con total seguridad la correcta. Cuando Nica, su cibernovia, aterrice en la granja una de las pretendientas tendrá que irse. El asunto de Teresa era la excusa perfecta para no decidir ni afrontar una elección tan difícil.
Teresa utiliza el poco orgullo que le queda para plantar cara a la falta de entusiasmo de Román, coge la maleta y se va. Pero antes, un consejo: ‘No se puede vivir con miedo a lo desconocido, retirarse es de cobardes’.