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Una muerte, ¿ideológica?

Carlos Javier Palomino, el joven antifascista asesinadoTELECINCO.ES
El pasado once de noviembre, un joven de dieciséis años fallecía apuñalado en una reyerta entre bandas rivales en el barrio madrileño de Legazpi. Carlos Javier Palomino pertenecía a un grupo antifascista que, junto a otros jóvenes, intentaban 'reventar' una manifestación convocada por grupos de ultraderecha en el distrito de Usera, un barrio con mucha población inmigrante.
La pelea, protagonizada por 'skinheads' y 'redskins', tuvo lugar en el interior de los vagones de la estación de metro de Legazpi. Carlos Javier Palomino murió debido a una herida provocada por arma blanca en el corazón. A pesar de su joven edad y aunque los efectivos del 'Samur' intentaron reanimarle, no pudieron. Este no fue el único apuñalado. Otro joven recibió una cuchillada en el pulmón, pero logró  recuperarse.
Al parecer, todo comenzó cuando varios jóvenes antifascistas identificaron a un 'skinhead' en el vagón del metro. Al verse descubierto, este sacó un cuchillo que empleó para defenderse y con el que atacó a sus 'enemigos'. Aunque no se esperaba que la concentración promovida por los grupos de ultraderecha acabara en tragedia, nadie dudaba de que era una provocación.
 
Bajo el lema 'Contra el racismo anti español, contra la inmigración', las Juventudes de Democracia Nacional se concentraban en el distrito de Usera, un lugar donde se convive un gran número de población inmigrante. La manifestación había sido autorizada por la Delegación del Gobierno. Con esta actuación daba la sensación de que buscaban publicidad, que se hablara de ellos, y lo consiguieron.
 
Esteban Ibarra , presidente de la asociación Movimiento contra la Intolerancia afirma rotundo que "para nosotros, desde el primer momento, la muerte de Carlos Javier Palomino fue una muerte por odio. Odio ideológico". Esta asociación, de hecho, se presentó como acusación particular ante un asesinato, que ellos consideran, con agravante ideológico.
 
La madre de Carlos no duda en culpabilizar a las ideologías, tanto a la que propugnaba su hijo como a la de su asesino. "Son ideologías, seamos claros, aquí trabajan las ideologías. Y esa ideología de estas personas es fanática, es asesina. Yo sigo opinando que Carlos estaba a la hora equivocada, y en el sitio equivocado cuando ocurrió". Sin duda, el azar siempre es un componente a tener en cuenta. Pero sin su vestimenta claramente antifascista, o, en este caso, la de su agresor, neonazi, y la rabia contenida, nada habría pasado.