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'Diario de' pone al descubierto el tráfico de drogas en Valdemingómez

Harto de ver como sus amigos mueren por culpa de la heroína, Fernando muestra la cara más sórdida de este poblado y denuncia como actúan los clanes de Valdemingómez.

Mercedes Milá y su equipo se adentran en este submundo en el que, mientras unos pocos se hacen multimillonarios, otros deambulan por las calles haciendo lo que sea por una dosis. Las chabolas de la droga son auténticos bunkers protegidos en el exterior por “los machacas”; encargados de avisar cuando se acerca la policía. En su interior, varios pasillos con puertas blindadas conducen hasta una pared en la que hay una taquilla en la que se dispensa la droga a los toxicómanos. Diario de ha tenido acceso a estas casas donde las mujeres alternan la elaboración de la comida con la venta de las dosis.
Varios hombres han denunciado a Diario de haber sido víctimas de un estafador que les ha robado su identidad y les ha arruinado.  Se trata de un individuo que se hace pasar por Guardia Civil, comparte apartamentos con otros hombres y se gana su confianza hasta que les sustrae el DNI y otros documentos. A varias víctimas les ha robado grandes cantidades de dinero y posteriormente les ha agredido dejándoles tirados en el piso. Tiene medio centenar de denuncias en toda España y cuenta con antecedentes policiales por robo y usurpación de identidad.
Hay un  polvo azulado que lo cubre todo en el barrio malagueño de El Copo. Maribel y José Antonio denuncian que las chimeneas de la empresa que tienen frente a sus casas salen miles de pequeñas partículas de este polvo que tiene a todo vecindario en alerta. En la azotea del edificio se puede comprobar como se acumula este polvo entre las rejillas de los aires acondicionados, en los desagües, en cada esquina, incluso en los tendederos. La sustancia de color azulado es zinc y los vecinos están asustados por ser un metal que en grandes cantidades puede ser altamente cancerígeno. La doctora forense Inmaculada Díaz, experta en toxicología, explica las consecuencias de una exposición al zinc.
Los abuelos del barrio de Bellvitge, en Hospitalet, se han encerrado en su centro de salud de toda la vida porque las autoridades lo quieren inhabilitar. Han estado 9 meses ocupando el centro para reivindicar su utilidad y Diario de ha estado con ellos. Unos 200 ancianos se han turnado para desayunar, comer, cenar y dormir en este recinto para evitar que se lleven los médicos a un ambulatorio que está a 4 kilómetros de distancia.