Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Viviendo en el avispero de una guerra

Leticia lleva dos años sin ver a su hijaTELECINCO.ES
En septiembre de 2006, Leticia Moracho vio por última vez a su hija. Su padre y ex marido, aprovechando que la pequeña pasaba con él el fin de semana, decidió secuestrarla y separarla de su madre. La situación se agrava porque él, Abbas Alí Hussain, vive en Irak, concretamente en Basora, el punto neurálgico de la guerra.
La vida de Leticia es una lucha sin descanso. "Me siento engañada, defraudada y enloquecida", asegura. Abbas Alí, con el que compartió 16 años de su vida, se ha convertido en su mayor enemigo. Incluso cuando la separación se produjo de forma educada y sin altercados. No obstante, los problemas entre ellos comenzaron precisamente por diferencias en la educación de la pequeña. Dos universos, el iraquí y el español, chocaban y no había vuelta de hoja.
Cuando Abbas Alí abandonó el domicilio que compartía lo primero que hizo fue llevarse consigo el libro de familia. Tal vez, ya entonces, tenía planeado llevarse a la pequeña Sara. En cuanto Leticia se dio cuenta de lo que pasaba puso el caso en manos de la policía. Sin embargo, Abbas, astuto, le convenció para que retirara la denuncia alegando que tan sólo quería que la pequeña conociera a su familia. Los días se convirtieron en meses y Leticia seguía sin verla. Actualmente, la embajada española se ha puesto en contacto con la iraquí para gestionar la repatriación de la niña, pero el padre se niega.
 
Leticia Moracho, en su desesperación, ya no sabe a quién acudir. Pide ayuda al Gobierno y no entiende cómo una menor, sin pasaporte, pudo cruzar la frontera. Alí había trabajado en el consulado. Tal vez fue así como consiguió algún permiso con el que pudo llevarse a Sara.
 
La pregunta es, ¿cómo es posible que la Justicia no actúe? De una parte, la asignación del caso a un juez en concreto tardó demasiado. Por otro lado, en Irak, como era de esperar, no rigen las mismas leyes que en Europa. Al ser el progenitor de un país árabe, la pequeña adopta automáticamente la nacionalidad iraquí y el padre, su custodia. Además, por si esto fuera poco, Irak no firmó el Convenio de La Haya sobre sustracción de menores del 25 de octubre de 1980. Un acuerdo, a todas luces, obsoleto y del que urge su ratificación.
 
Mientras Leticia se devana los sesos buscando una solución, la única recomendación que le ofrecen las autoridades españolas es que no viaje a Basora. Pondría en peligro su vida, en opinión de estas, para nada, ya que en estos casos, al ser tan diferentes la legislación iraquí y la española, lo mejor que puede esperarse es la colaboración el padre y de la embajada. Sin embargo Leticia no ha querido esperar y, acompañada de un reportero de 'Diario de', ha viajado a Irak.