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Víctimas al margen de la ideología

En octubre de 2007, el escolta Gabriel Ginés se salvaba de una bomba lapa que la banda terrorista ponía bajo el asiento del conductor de su coche. Era la primera vez que atentaban directamente contra la vida de un escolta. Algo que a los responsables de la Asociación de Escoltas no les pillaba por sorpresa. "Sabemos que estamos en el punto de mira", reconoce su coordinador, que no ha querido facilitar su nombre, y piden que se les permita llevar el arma reglamentaria fuera de servicio.
 
Rafa lleva dos años y medio protegiendo a concejales y empresarios en El País Vasco. Sabe que con este trabajo su vida está expuesta en todo momento, de la misma forma que lo está la de la persona que protege. Por ello, implicarse absolutamente en su profesión es casi una obligación si se quiere conservar la vida. Explica que lo más difícil es adoptar como hábitos todas aquéllas cosas que debes cambiar para 'esconderte' de los asesinos. "Variar la ruta cada día, no poner nombres en los buzones, no mostrar el interior de las casas, revisar el vehículo antes de utilizarlo...", son algunas de las tareas que Rafa realiza, sin exclusión.
 
Para Estanis Amutxastegui, primer teniente de Alcalde de Andoain, su escolta es "como mi ángel de la guarda". Lleva más de diez años contando con servicios de protección y reconoce que jamás se salta ninguna de las recomendaciones que le dan. "Siempre les obedezco porque son gente muy profesional. Se están jugando el tipo como yo". Y es que su pueblo, Andoain, es uno de los más conflictivos de El País Vasco. Es conocido como 'El corredor de la muerte', y a pesar de contar con escolta, él y su familia han sufrido numerosos ataques por parte de la banda. "No puedo hacer planes a largo plazo porque siempre piensas que te puede pasar lo que a otros compañeros", explica Estanis. "He llegado a la conclusión de que me moriré o me matarán".
 
Otro de los colectivos más amenazados por ETA el de los funcionarios de prisiones. La banda terrorista ya ha matado a seis y secuestrado a uno. La amenaza para ellos es continua. Miden y sopesan sus declaraciones porque son ellos los que conviven a diario con los terroristas. Mercedes Milá consigue entrevistar a un trabajador de la cárcel. No desvela su identidad por temor a sufrir represalias de los terroristas. "La banda nos recuerda con cierta regularidad, en sus comunicados internos, que estamos amenazados". Es una realidad que, explica, tiene perfectamente asumida. "Si no, no podríamos trabajar", añade. Él ha sido directamente amenazado por la banda en alguna ocasión. Algo que el miedo le impide contar con detalle. Y es que ellos se tienen que ver las caras con presos de la talla de De Juana Chaos, que no dudó en pedir unos langostinos de cena para celebrar la muerte de un concejal de UPN a manos de ETA.  Nuestro confidente explica que el trato que se les da en la cárcel es diferente. "Son tratados como presos políticos". Además, apostilla, "leen sus propios periódicos, sus revistas... Es como si el resto del mundo no existiera para ellos".