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CORRER EN QNK

Carrera popular la Hoz del Huecar
Hace un mes y medio me apunte junto con otros dos amigos, Mike y Pichi, que me han hecho miembro del famoso club de corredores Crossextrem, a una carrera popular de 15 kilómetros en Cuenca llamada La Hoz del Huecar.
Desde ese momento empecé a recibir referencias de la prueba:
¡Esa carrera es un horno!  8 de junio en Cuenca a las diez de la mañana unos 26 grados a la sombra, si la encuentras.
¡Diez kilómetros de subida! Desde el 2 al 12 y del 12 al 14 una bajada pronunciada que te machaca las piernas.
¡Se corre sólo! y cuesta arriba durante muchos kilómetros acompañado solo por el ruido insoportable de las chicharras.
¡No vayas a esa carrera es un infierno! Es lo que le dijo un compañero de trabajo a la mujer de Agus, (otro amigo del club de corredores e integrante del grupo que hacemos este blog), cuando estaban a punto de inscribirse los dos.

He de reconocer que toda esta información me provoco una pizca de pánico, he incluso estuve a punto de magnificar unos pequeños dolores en el tobillo para convertirlos en lesión y tener una excusa para rajarme.

Pero se acercaba el día y la intendencia estaba prepara, casa rural alquilada en Valdecañas, (un extraño lugar que Mike y su familia han convertido en su pueblo), a 30 kilómetros de Cuenca para disfrutar del fin de semana todos con nuestras familias al completo.

Y el sábado estábamos en marcha. Un par de horitas de viaje y llegamos al pueblo. Cuatro casas y un complejo rural más grande que el propio pueblo, tiene incluso una plaza de toros portátil.
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Nos instalamos y fuimos a Cuenca a comer para después recoger el dorsal. En las conversaciones sobre la carrera Mike y Pichi, que ya la habían corrido en otras dos ocasiones, seguían avisando. Prepárate, el calor es mortal, el sol te pega en la cabeza, no haces más que subir y subir, es la carrera del sufrimiento. Tenía dos cosas en mi mente, necesito una gorra y ¡Que c... hago yo aquí! Pero es verdad que el buen plan del fin de semana ayudaba a seguir con la aventura y que conseguí comprar una gorra.

Buena conversación, buena comida y buena cena, ¡se acabó lo bueno! Lo siguiente era dormir, disfrazarse de corredor y dirigirnos a la salida. Y allí estábamos el sol y alrededor de mil corredo@s dispuestos a ver si superábamos el reto de acabar la carrera sin andar. Seguro que todos estábamos pensando lo mismo ¿Por qué no adelantan la hora de la salida a las ocho o nueve en lugar de a las diez con semejante sauna? Mientras tanto algunos intentaban estirar un poco y yo hacía algunas fotos antes de la salida.
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¡Arrancamos! Dos primeros kilómetros suaves recorriendo el centro de Cuenca y de repente giras a la derecha y empiezas a subir progresivamente. En el tres ya empecé a usar la botella de agua que llevaba en la mano y a sudar como un pollo. Y seguíamos subiendo, las conversaciones que escuchabas eran todas parecidas. "Tranquilos que queda mucho, esto es el principio de la subid a, lo peor está por llegar". Y yo diciéndome, más despacio, más despacio.
Se acerca el kilómetro cinco, primer avituallamiento, vacío en mi cabeza y cuello la poca agua que me queda y cojo otra botella para beber. Ya no se sí mi cabeza gotea agua o sudor, pero no para, y noto ya el calor sofocante en todo el cuerpo. La carretera se sigue empinando poco a poco y se empieza a ver los primeros corredores andando con caras desencajadas.

Del cinco al ocho se empieza a sufrir un poco, e ir más despacio se convierte en una obligación que te impone la cabeza y la carretera.

De repente la carretera se inclina de verdad y empiezas a notar lo que cuesta dar cada pasó. Estoy seguro de que una persona andando rápido me hubiera adelantado sin problemas, pero daba igual, dos kilómetros de subida peleando para no parar que es lo que la cabeza te pide.

Empiezas a quedarte solo pero si eres capaz de mirar el paisaje, ves desde arriba la Hoz del Huecar, Cuenca al fondo y una hilera de corredores allí abajo que deben ir unos tres kilómetros por detrás. Todo eso ayuda.
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Kilómetro nueve, segundo avituallamiento, esta vez cojo dos botellas, una para llevar y otra para tomar y echar por la cabeza. Corredores y voluntarios de la organización te animan diciendo: "Venga que lo peor ya ha pasado", no hay público animando porque tan arriba no se les ha perdido nada.

¿Lo peor ya ha pasado? Del diez al doce y medio continuos toboganes. A esas alturas cualquier repecho parece una etapa de montaña. Me distraigo un poco viendo uno delante mío que corre con cholas, eso sí, llevan una cuerdita atrás para que no se le abra el talón. En el último repecho de repente nos adelanta uno esprintando con cara sonriente y sin sudor ¡Anda no me jodas! ¡Te han subido en moto y acabas de echar a correr!

De repente se acaban la cuesta arriba y empiezas a bajar por toda la zona monumental ¡Adoquines! Cada paso noto como se me van machacando las plantas de los pies y empezamos a subirnos a las aceras para evitar el machaque. Aparece el público animando a ambos lados de la carretera, pasamos el arco de entrada a la muralla justo en el kilómetro trece.
Hasta el kilómetro 14 y medio bajas y bajas, por la plaza, la catedral y calles estrechas con sombra por fin, tu cabeza dice: ¡Esta hecho! Reto conseguido sin dejar de correr ni un solo paso.
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Los últimos quinientos metros son llanos, se convierten un reconocimiento de mucho público animando a los corredores. Ahí está la meta, entramos juntos y nos damos la mano diciendo uuuuffff lo hemos hecho. Recogemos la bolsa del corredor que contiene una de las pocas camisetas bonitas que se ven en este tipo de carreras y unas cabezas de ajo entre otras cosas. Esperamos cola para coger algo de comida, ¡Magdalenas y palmeritas! A ver quien tiene huevos de comerse una con la boca totalmente seca.

Hago un llamamiento a la organización para que recapacite, pueden ser alimentos muy peligrosos en esas circunstancias. La sandía que era muy procedente se había acabado.

Mike, Pichi y yo nos volvemos a juntar, foto de grupo en la llegada y mis plantas de los pies diciéndome ¡La has cagao! hoy vas a pasar un buen rato andando como las muñecas de famosa.
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Vuelta al pueblo, risas de tod@s al verme andar, aleccionamiento sobre que zapatillas debo usar, (por supuesto me recomiendan las más caras), y pies en agua fría un buen rato para ver si soy capaz de llegar a la ducha. Después de media hora lo consigo e incluso soy capaz de llegar al bar del pueblo para comer.
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Conclusiones:

Gracias al miedo que me habíais metido he sido capaz de regular y llegar a la meta en condiciones aceptables, salvo por los pies.
Tengo ya en mi poder una de las camisetas más apreciadas de la temporada y puedo decir que he superado la carrera del infierno.
fff

Buen plan familiar de fin de semana incluyendo carrera y ruta turística con guía por uno de los pueblos fantasma de Castilla. Los niños se lo pasaron en grande y las mujeres hablaron mucho.

Después de mi problema plantar, Pichi casi me ha convencido de que deje de comprar zapatillas y accesorios por internet en oferta. Ya se que mi reloj GPS súper barato ha marcado seiscientos metros de mas, pero eso baja la media y demostrarme que no los he hecho.

Claramente es una carrera a repetir, así que espero estar el próximo año en la línea de salida con un plan parecido, y que lleguemos a ser doce, entre ellos por lo menos una mujer, para conseguir el jamón que regala la organización si formas ese grupo.
Estoy sorprendido de lo raras que salen las fotos si la haces corriendo.

¡BIEN CORRIDO!
¡Aúpa el Crossextrem!