Salud

"El azúcar vuelve hiperactivos a los niños": lo que dicen realmente décadas de investigaciones científicas

Los especialistas recomiendan limitar su consumo en la infancia
Los especialistas recomiendan limitar su consumo en la infancia. Freepik
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Pocos mitos sobre la alimentación infantil están tan extendidos y arraigados como este: el azúcar vuelve hiperactivos a los niños. Esta afirmación se repite en conversaciones familiares, en colegios y en celebraciones familiares, hasta el punto de que muchos padres consideran que es un hecho indiscutible.

Sin embargo, cuando la ciencia ha investigado esta relación durante décadas, el resultado ha sido muy distinto. La mayoría de los estudios científicos no ha encontrado ninguna evidencia de que el azúcar provoque hiperactividad en los niños.

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Esto no quiere decir que el azúcar sea inocuo ni que pueda ser consumido sin control. Pero sí indica que la explicación de la “hiperactividad por azúcar” es mucho más compleja de lo que parece.

¿De dónde viene este mito tan popular?

La relación entre azúcar e hiperactividad empezó a popularizarse en los años 70. En esa época, el alergólogo estadounidense Benjamin Feingold propuso que algunos aditivos alimentarios, y a veces el azúcar, podrían tener algún tipo de influencia en el comportamiento infantil. Esta hipótesis se difundió muy rápido entre familias y medios de comunicación.

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A partir de entonces, la idea de que los dulces provocan excitación o falta de atención en los niños se instaló en la cultura popular. Durante años, muchos padres comenzaron a evitar determinados alimentos pensando que así reducirían la hiperactividad de sus hijos.

¿Qué dicen los estudios científicos?

Desde los años 80 se han realizado numerosos experimentos para comprobar si el azúcar altera el comportamiento infantil. En muchos de ellos se utilizó un método simple: a un grupo de niños se le daba azúcar y a otro un placebo igualmente dulce pero sin azúcar, mientras observadores independientes analizaban su comportamiento.

Los resultados fueron sorprendentes. No se encontraron diferencias notables en el nivel de actividad, la atención o la conducta entre los niños que habían consumido azúcar y los que no. Un metaanálisis muy citado publicado en la revista JAMA en 1995 analizó varios de estos estudios llegando a la misma conclusión: el azúcar no afecta al comportamiento ni al rendimiento cognitivo de los niños.

Décadas más tarde, revisiones científicas y metaanálisis han confirmado este resultado. De hecho, expertos en nutrición y pediatría señalan que no hay ninguna evidencia sólida que pueda demostrar que el azúcar cause hiperactividad.

¿Por qué parece que los niños se vuelven más activos?

Los investigadores han encontrado una explicación bastante sencilla: el contexto en el que los niños comen dulces.

Los momentos en los que éstos ingieren grandes cantidades de azúcar suelen coincidir con situaciones muy estimulantes como fiestas de cumpleaños, celebraciones o reuniones con otros niños. En estos entornos suele haber música, juegos y actividad social.

Debido a esto, es fácil interpretar esa energía como consecuencia del azúcar, cuando en realidad está más relacionada con el ambiente. Los psicólogos llaman a este fenómeno correlación ilusoria: asumir que dos cosas están conectadas simplemente porque ocurren al mismo tiempo.

Otro factor que ha estudiado la ciencia es la influencia de las expectativas de los padres. En algunos experimentos, los investigadores dijeron a los padres que sus hijos habían consumido azúcar, aunque en realidad habían tomado un placebo.

El resultado fue muy curioso: los padres tendían a percibir a sus hijos como más inquietos o hiperactivos, aunque el comportamiento real de los niños no hubiera cambiado.

El azúcar sí afecta al cerebro, pero de otra forma

Que el azúcar no cause hiperactividad, no quiere decir que no tenga otros efectos en el organismo.

El azúcar proporciona glucosa, que es la principal fuente de energía para el cerebro. Cuando se consume, puede activar el sistema de recompensa cerebral mediante la liberación de dopamina, una sustancia asociada al placer.

Esto explica por qué los alimentos dulces resultan tan atractivos, especialmente para los niños. No obstante, este proceso no produce cambios conductuales drásticos ni un aumento significativo de la actividad física. Lo que sí puede ocurrir es que, después de un pico de glucosa, aparezca una caída de energía que genere fatiga o irritabilidad.

Su relación con el TDAH

El mito del azúcar suele aparecer cuando se habla del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Durante mucho tiempo se pensó que eliminar el azúcar podría mejorar los síntomas de este trastorno. Sin embargo, los estudios demostraron que el azúcar no causa TDAH ni es su origen principal.

Algunos niños con TDAH pueden mostrar más excitación tras consumir azúcar sencillamente porque les proporciona energía rápida, pero esto no quiere decir que el azúcar sea la causa del trastorno. El TDAH es una condición neurobiológica compleja que está relacionada con factores genéticos, neurológicos y ambientales.

¿El azúcar es inofensivo?

A pesar de que el azúcar no tiene nada que ver con la hiperactividad, continúa siendo perjudicial para los niños. El motivo es que el consumo excesivo de azúcares añadidos está relacionado con diversos problemas de salud como obesidad infantil, caries dentales, mayor riesgo de diabetes tipo 2 o problemas metabólicos a largo plazo.

Por esta razón, las organizaciones sanitarias recomiendan moderar el consumo de dulces y bebidas azucaradas, no porque vayan a provocar esta hiperactividad, sino por sus efectos metabólicos en los niños.