Educación

Estudiar en equipo o solo: cómo decidir qué funciona, según tu perfil en el colegio o la universidad

Identificar cuándo conviene estudiar solo y cuándo no es esencial
Identificar cuándo conviene estudiar solo y cuándo no es esencial. Freepik
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La eterna pregunta sobre si es mejor estudiar solo o en equipo sigue dividiendo a estudiantes, padres y profesores. En un aula o biblioteca universitaria se pueden ver ambos extremos: quien repasa aislado con auriculares y post-its de colores, y quien no concibe estudiar sin el intercambio constante de ideas, preguntas y cafés compartidos.

Aunque parezca una cuestión de preferencias, la ciencia del aprendizaje demuestra que la elección entre el estudio individual o grupal no es algo trivial. Cada modalidad activa procesos cognitivos diferentes, influye en la memoria de manera distinta y afecta la motivación de forma significativa. El aprendizaje cooperativo puede mejorar la comprensión de los conceptos complejos, pero el estudio individual sigue siendo más eficaz para consolidar la memoria a largo plazo. La clave está en saber cuándo combinar ambos métodos y cómo se pueden adaptar al propio estilo del estudiante.

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Además, el contexto es muy importante. En el colegio, los niños aprenden de la interacción y el juego cooperativo; en el instituto, buscan mayor independencia y autoafirmación; y en la universidad, la gestión del tiempo y la autonomía se convierten en habilidades cruciales. De ahí que no exista una única fórmula universal: lo que funciona para un estudiante, puede que no sirva para otro.

Los pros y los contras de estudiar solo

Hay quienes disfrutan mucho de la tranquilidad del escritorio, la música suave de fondo y el control absoluto sobre su ritmo de estudio. Para muchos estudiantes, la soledad es sinónimo de concentración. Su eficacia depende de ese espacio íntimo en el que nadie interrumpe ni cambia el rumbo.

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El estudio individual permite tener una planificación personalizada, avanzar al paso que se necesite y evitar distracciones sociales. Los estudiantes que estudian solos tienden a desarrollar mejores habilidades de autorregulación y pensamiento crítico, ya que deben enfrentarse directamente a sus errores y encontrar sus propias soluciones.

Pero, evidentemente, no todo son ventajas. La falta de interacción puede derivar en una falsa sensación de dominio, y sin una red de apoyo, es más sencillo caer en la procrastinación o el aislamiento académico. Asimismo, cuando el contenido es muy complejo o abstracto, discutirlo con otros puede ser lo que realmente consolide la comprensión.

Los beneficios y trampas de estudiar en grupo

El aprendizaje cooperativo es una de las estrategias más estudiadas en psicología educativa. El trabajo en grupo potencia la motivación, la comprensión y el pensamiento crítico. Explicar un concepto a otros mejora la retención y fomenta el aprendizaje activo.

Estudiar con otros también aporta algo que la soledad no da: la energía colectiva. Escuchar diferentes interpretaciones, debatir y comparar enfoques ayuda a entender los contenidos desde múltiples perspectivas. De hecho, los estudiantes que participan en grupos bien organizados suelen tener un rendimiento académico superior y muestran niveles más altos de satisfacción y autoestima.

No obstante, no todos los grupos son iguales, y está el riesgo de la llamada “vagancia social” que se da cuando algunos miembros se apoyan en el trabajo de otros y el grupo pierde eficacia. También hay distracciones, pérdidas de tiempo o dinámicas de comparación que pueden aumentar el estrés en lugar de aliviarlo.

Lo recomendable es que un grupo de estudio no se forme al azar: sea pequeño, de tres a cinco personas, con objetivos claros, compromiso similar y reglas básicas de funcionamiento. No es solo reunirse, sino construir una experiencia colaborativa.

Cómo saber cuál es el tipo de estudio que más conviene

No todos aprendemos de la misma manera, y reconocer qué tipo de entorno potencia la atención, comprensión y motivación puede marcar una gran diferencia en los resultados académicos. En educación, se habla cada vez más del autoconocimiento cognitivo, la capacidad de identificar las propias fortalezas y limitaciones para escoger las estrategias que mejor se adapten al estudiante.

Si se trata de un estudiante que necesita silencio, estructura y control del ritmo, el estudio individual puede ser el mejor aliado. Este tipo de aprendizaje es perfecto para aquellos que disfrutan planificando, organizando sus apuntes y repitiendo la información a su propio ritmo. Sin embargo, si es un estudiante al que le cuesta mantener la concentración a largo plazo o se desanima al estudiar solo, los grupos de estudio pueden ser la solución ya que pueden ofrecer la dosis de energía, interacción y compromiso externo que necesita. Un metaanálisis de la Universidad de Oxford señaló que los estudiantes más extrovertidos y colaborativos tienden a beneficiarse de entornos de aprendizaje social, mientras que los más reflexivos o introvertidos consiguen una mayor profundidad de comprensión cuando trabajan por su cuenta.

También influye mucho la fase en la que se encuentre dentro del proceso de estudio. Si se está en una fase inicial de aprendizaje, el trabajo individual favorece la asimilación y concentración. Pero, cuando llega el momento de consolidar conocimientos o repasar antes de un examen, compartir, debatir y enseñar a otros se vuelve muy efectivo. Es entonces cuando los grupos de estudio se convierten en una herramienta muy potente para afianzar conceptos y detectar lagunas. Debido a esto, no se trata de escoger una modalidad para siempre, sino de saber cuándo se pueden alternar ambas y cómo combinarlas para sacar el máximo beneficio de las dos.