Estudiar más no significa siempre aprender mejor, lo ideal es aplicar las técnicas de estudio correctas para transformar las horas de estudio en resultados reales
¿El talento innato es un mito o realidad? Lo que dice la ciencia sobre el esfuerzo disciplinado vs. la genialidad
Pocas cosas frustran más a una familia como ver a un niño o adolescente esforzarse y echar horas de estudio y que los resultados no sean los esperados. Cuando sucede, comienzan las dudas: ¿será falta de capacidad? ¿Mala suerte? ¿Es algo puntual? A veces, el problema no está en el esfuerzo invertido, sino en cómo se está invirtiendo, cuándo y con qué estrategias. Lo bueno es que hay mucho margen de mejora si se transforma el sentarse durante horas delante de los apuntes por un aprendizaje eficaz.
La investigación en psicología cognitiva lo lleva avisando mucho tiempo: no todas las técnicas de estudio son igual de potentes ni adecuadas para todos los estudiantes. Estrategias como releer, subrayar en exceso o resumir pasivamente tiene mucho menos impacto que otras técnicas como el autoexaminarse, el estudio espaciado o intercalado. Además, hay que tener en cuenta otras variables como puede ser el descanso, la ansiedad ante un examen o una calibración engañosa de lo aprendido.
Conocer cuál es el problema
Estrategias poco eficaces
Cuando el estudio se basa en releer apuntes, “pasar a limpio” o subrayar sin comprobar si de verdad se ha aprendido, el rendimiento comienza a estancarse. La evidencia favorece la práctica de recuperación. Ejercicios como hacer preguntas, autoevaluaciones, tarjetas, exámenes de práctica o estudiar de manera espaciada dando unos días entre sesiones son más eficaces que la estrategia tradicional.
Ilusión de competencia
Sentir que se sabe la lección por haberla visto muchas veces no quiere decir que se pueda recordar todo sin apoyo el día del examen. Por eso importa practicar sacar la información, por ejemplo: explicándola a otra persona, más que volver a repasarla releyendo una y otra vez.
Ansiedad ante el examen
Hay estudiantes que dominan la lección en casa pero en el aula se bloquean. Un experimento clásico demostró que escribir durante 10 minutos antes del examen sobre las propias preocupaciones mejoró significativamente las notas, sobre todo, en el alumnado con alta ansiedad.
Sueño y hábitos
La calidad del sueño se relaciona estrechamente con el rendimiento. Dormir mal deteriora la atención, la memoria de trabajo y la toma de decisiones, por lo que con pequeñas mejoras de sueño se puede tener un mejor rendimiento cognitivo.
Feedback y criterios
A veces no se trata solo de estudiar, sino de ajustar el estudio a cómo se va a evaluar: qué tipo de preguntas se hacen o cuál es el nivel de detalle exigido.
Necesidades específicas
Si el desajuste es persistente, se puede considerar un cribado de dificultades de aprendizaje como la dislexia o el TDAH. Éstas no justifican el bajo rendimiento, pero sí que orientan sobre apoyos y adaptaciones que pueden multiplicar el rendimiento.
Cómo transformar el esfuerzo en rendimiento
Cuando las notas no reflejan las horas dedicadas, el problema no suele estar en la falta de esfuerzo, sino en cómo se estudia. Técnicas muy comunes como releer, subrayar o hacer resúmenes, tienen un impacto limitado si se comparan con métodos activos que implican procesar y recuperar la información. La diferencia entre “echar horas” y aprender de verdad radica en convertir el tiempo de estudio en práctica significativa, estructurada y consciente.
Una de las estrategias más efectivas es la práctica de recuperación: en lugar de repasar una y otra vez los apuntes, es mejor intentar recordar sin mirar, hacerse preguntas o explicarse el tema en voz alta. Este esfuerzo de extraer la información fortalece la memoria y mejora la retención a largo plazo. Si a esto se suma el espaciado del aprendizaje: distribuir las sesiones en varios días y no concentrar todo el estudio de golpe, el cerebro tiene más tiempo para asimilar y consolidar lo aprendido.
Otro principio clave es intercalar los temas y variar los ejercicios. En lugar de estudiar siempre de manera lineal, mezclar contenidos obliga a comparar y distinguir conceptos, lo que refuerza la comprensión y la flexibilidad mental. Además, realizar simulacros de exámenes en condiciones lo más realista posible: con tiempo limitado y sin apuntes, ayuda a reducir el bloqueo y la ansiedad. Hay que añadir un buen descanso, hacer pausas activas y planificar sesiones realistas para conseguir un estudio eficaz.
El rendimiento no va a depender solo de cuánto se estudia. Practicar, espaciar y descansar son los pilares de un aprendizaje sólido y duradero. Estas técnicas, las cuales están respaldadas por la ciencia, enseñan a los estudiantes a transformar su esfuerzo en resultados reales y a comprender que el éxito académico no es cuestión de talento, sino de estrategia y constancia.


