El miedo de una adoptada iraní a ser deportada: católica e hija de militares de EEUU, es su sentencia de muerte
La guerra contra Irán y la política de inmigración de Donald Trump provoca dramas cotidianos.
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La guerra contra Irán y la política de inmigración de Donald Trump provoca dramas cotidianos, más allá de las muertes que depara cualquier conflicto. La historia de una mujer que vive en Estados Unidos desde hace 50 años, pero que no tiene la nacionalidad por un vacío legal, es una de ellas. Es iraní de nacimiento pero adoptada cuando tenía dos años. Ahora, EEUU la quiere deportar al mismo país que está bombardeando.
Si bien nació en Irán, abandonó el país con tan solo dos años cuando, huérfana, una pareja de militares la adoptó en 1972 y se la llevaron a Estados Unidos. Buttons, apodo que tenía de pequeña, no quiere dar su nombre real por su estado de inmigración, no sabe persa, es cristiana y no recuerda absolutamente nada del país que le vio nacer.
"Llegué con un visado de turista. Era una adopción privada a través del Ejército, así es como llegamos a Estados Unidos todo los niños que veníamos de Irán", confiesa la mujer, asustada por su futuro. "Me hacen responsable de haber excedido el tiempo del visado. El Gobierno dice que es mi culpa".
Su visado caducó hace 52 años, cuando ella tenía 4 años
Su visado caducó hace 52 años, cuando Buttons apenas tenía 4 años. En aquellos años muchos padres no conocían la obligatoriedad de naturalizar a los hijos antes de cumplir los 18. "Así que cuando cumplí 18 dejé de ser adoptada desde el punto de vista del Departamento de Inmigración. Pasé a ser una inmigrante",.
La mujer no se enteró de su situación hasta los 38 años, cuando intentó hacerse un pasaporte y le dijeron que no era ciudadana estadounidense.
Católica e hija de militares americanos: volver a Irán es una condena a muerte
Desde entonces está intentando regularizar su situación, mientras sigue pagado sus impuestos y contribuyendo a su comunidad, pero al mismo tiene miedo, aún más desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Sabe que regresar a Irán como mujer, católica e hija de militares estadounidenses le coloca una gran diana en la espalda. Sabe que, de ser deportada, equivale a una sentencia de muerte.
