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Max desata el efecto mariposa en el tercer episodio de Life Is Strange

life is strangecuatro.com

Si eres de los que sabe apreciar una buena historia y todavía no has jugado a ninguno a Life Is Strange, te estás perdiendo uno de los juegazos de este 2015. Estamos ante una gran miniserie cinematográfica con capítulos de entre tres y cuatro horas de duración en la que podemos intervenir y modificar el transcurso de la historia. Hemos jugado al tercer capítulo, el último que ha salido hasta la fecha, y sin hacer ningún ‘spoiler’ te vamos a contar los puntos fuertes y débiles del episodio central de esta historia aún incompleta.

Muchos jugadores se echaron las manos a la cabeza cuando Square Enix anunció que llevaría al mercado un juego de Dontnod dividido en cinco episodios. A los que se nos antojaba arriesgado y demasiado largo solo nos hizo falta empezar por el primer capítulo de Life Is Strange para saber que estábamos ante un acierto rotundo. Terminado el tercer capítulo, solo podemos pedir más.
La historia de Max y Chloe continúa en la misma línea en esta última entrega de Life Is Strange, aunque cambia ligeramente el tono hacia un registro quizás un poco más adulto. Aquel primer episodio publicado en enero, a pesar de la espectacular tormenta y la incertidumbre del baile temporal en los primeros minutos de juego, nos presentaba un mundo cálido y entrañable de la enseñanza media norteamericana. Un entorno narrativo que recordaba un drama adolescente como el de Las chicas Gilmore, aquella serie de principios de siglo, con su imponente escuela privada repleta de alumnos ricachones y malcriados, sus líos de camas, su inocente protagonista...
En ese primer episodio no había mucha acción, pero había que conocer bien la historia y a los personajes y funcionó. Los momentos oscuros que vivimos en el segundo episodio y su final terminaron por abrir una brecha en el estilo naíf que envuelve la historia y nos meten aún más en el misterio de la historia y en ese registro más adulto con el que comienza este tercer capítulo.
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Sí que es cierto que este episodio decae en algunos pasajes y nos deja con ganas de algo más. La toma de decisiones no es tan importante y nos quedamos con ganas de mejores mecánicas así como opciones en nuestras acciones y diálogos que se vuelven un poco repetitivas después de las dos entregas previas. Nos pasamos el episodio rebobinando a nuestro gusto y se echa de menos un castigo por ello, algo que nos impida esa barra libre de cambios temporales y tenga consecuencias en el poder de Max. Y algunas de esas fotos opcionales que luchábamos por coleccionar para completar todos los logros, se convierten en puzzles demasiado accesorios que nos despistan de la trama. Esas son algunas de las pegas más notables de este episodio, pero no son suficientes para arruinar la experiencia de juego porque Life Is Strange tiene mucho para seguir convenciéndonos.
Una delicia audiovisual jugable
Life Is Strange no es uno de esos juegos que nos proponen una descarga de adrenalina de unos pocos minutos. Nada más lejos de la realidad. Es un juego que nos pide ser degustado lentamente y nos propone una inmersión a la que ayuda jugarlo con unos buenos auriculares y sin interrupciones.
Lejos de centrarse en mostrar unos gráficos espectaculares, posee un estilo visual propio y exquisito que lo convierten en una joya visual y cinematográfica. Su apartado sonoro es una delicia así como el tratamiento musical dominado por melodías folk con una gran carga emocional. Imagen y sonido crean la atmósfera perfecta de esta película jugable con su estructura aristotélica, sus conflictos y puntos de acción tal y como marcan los canónes de la narrativa audiovisual.
La relativa calma de este tercer episodio se compensa por la aparición de nuevos escenarios, pasajes visuales deliciosos y una atmósfera más detectivesca con más pruebas de exploración nocturna que sustituyen los anaranjados atardeceres de Arcadia Bay. La ausencia de giros sorprendentes antes del final queda compensada por nuevos descubrimientos en el poder de Max, las conversaciones en las que avanzamos en la búsqueda de Rachel Amber y algunos diálogos para el recuerdo.
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Eso sí, nos sigue resultando molesto que haya que cargar el paso de un escenario a otro, y que no nos podamos mover libremente, al menos por el campus; algo que le resta un poco de realismo al juego. Sobran también, quizás más que en otros capítulos, la multitud de objetos y carteles inservibles que podemos examinar, que no tienen ninguna importancia en la trama y que llegan a resultar frustrantes para aquellos que tenemos un sindrome de diógenes virtual y todo lo queremos tener, leer e inspeccionar.
Definiendo la personalidad de Max
Si en este tercer episodio somos conscientes de que tomamos menos decisiones sobre la historia, también nos damos cuenta de que cada vez podemos sentirnos más identificados con la protagonista. A través de nuestras respuestas vamos forjando una personalidad que refleja la nuestra y nos ayuda a forjar una identidad para Max, desde su carácter hasta su sexualidad. Y lo mejor de todo: un capítulo más podemos comparar nuestras decisiones con las del resto de jugadores cuando terminamos el episodio. Hasta el momento, podemos llegar a varias conclusiones: los jugadores de Life Is Strange son unos 'buenazos', un poco perezosos o impacientes al explorar el escenario y apenas guardan rencor a sus 'enemigos'.
Un juego repleto de detalles y referencias
El tercer capítulo amplía ese submundo de referencias a series , libros, canciones y películas que vive en la trama narrativa, por no hablar del constante homenaje al mundo de la fotografía. Todo ello oculto en mensajes, grafitis, matrículas... Además, si estamos atentos, escucharemos frases que hemos oído veladas durante algunos de nuestros rebobinados temporales en capítulos anteriores.
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Conclusiones
A pesar de que este nuevo capítulo afloja el ritmo narrativo, el resto de elementos hace que merezca la pena seguir dejándonos fascinar  por Life Is Strange. Las decisiones no se sienten tan importantes respecto a los otros capítulos y la música juega un papel más ornamental que emotivo, pero la trama se enreda y se abren tantos frentes que nos hace pedir a gritos el siguiente episodio. Mientras tanto, podemos seguir disfrutando de los anteriores, porque la rejugabilidad del juego es total y nos llama a volver sobre nuestros pasos y variar nuestras decisiones, ampliando las tres o cuatro horas que nos lleva exprimir a fondo cada episodio. Volvemos a tener un episodio íntegro en inglés, un error que, a título personal, no me molesta demasiado, pero que, siendo sinceros, es una barrera importante para que la comunidad hispanohablante pueda disfrutar al máximo del juego. Eso sí, quienes jueguen en PC siempre podrán aprovechar los parches no oficiales para textos y subtítulos.
Life Is Strange resucita un género, el de las aventuras gráficas, que no pasa por su mejor momento. Es una delicia visual que todo aficionado a los videojuegos y al cine debería probar al menos durante unos minutos para dejarse atrapar por esta historia de consecuencias inesperadas en la que la mariposa acaba de agitar sus alas para poner en marcha la teoría del caos.