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Nacho intenta salirse con la suya pero sus llantos no sirven de nada

Acostumbrado a hacer lo que quiere, Nacho intenta que su madre ponga su silla en la mesa a la hora de comer. Sin embargo, ni Piedad ni los abuelos ceden ante su berrinche y el pequeño entiende que sus lloros y su enfado no van a evitar que tenga que cumplir con sus tareas.