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Isidoro entrega su anillo a Natalia: “Esto es poco para lo que tú mereces”

Isidoro fue el primero de los solteros en llegar hasta la alianza que tenía que colocar o bien en la mano de su madre o en la de su elegida, Natalia. “Esta es la decisión más dura”, decía el manchego que no parecía tener las cosas muy claras: “es que la madre tira mucho, llevo toda la vida con mi madre”.

Con su entrada, Dolores despertó los halagos de su hijo: "Ostia mama no tengo ni palabras". Ella le daba un consejo, o más bien expresaba un deseo: "Que por una vez en tu vida pensaras con el corazón, ya que he llegado hasta aquí me gustaría que te hubieses quedado con Natalia, pero sé que piensas más de aquí para abajo. Me dijiste un día, voy a pensar con el corazón, espero que hayas tomado la decisión correcta".
Isidoro prefería mantener la intriga hasta el mismo final y despistaba a su madre: "no es lo mismo ocho horas a Bilbao que una a Alicante". Sin embargo, segundos después entraba Natalia y, nada más verla, a Dolores se le iluminaba la mirada: "ya está contenta la mama", exclamaba Isidoro.
"No tengo palabras para describirlo, mi corazón no miente nunca yo sé lo que él quiere", decía Isidoro. Antes de la elección, su madre los valoraba, les cree muy iguales por lo que pueden chocar y le pedía a su hijo que pusiera de su parte para dejar de ser "un golfo".
El soltero se dirigía a Natalia: "Comprende que llevo 30 años con mi madre, me pela hasta las manzanas"; pero Dolores intercedía: "Como me elijas a mí las manzanas no te las voy a pelar. A mí no me elijas, por una vez en tu vida, hazlo por mí".
Pero parece que Isidoro sentía el cordón umbilical tirando de él: "si eso nunca se rompe, siempre vas a estar atado a mí pero ahora tienes que vivir tu vida", le animaba su madre y Natalia le dejaba claro que ella quería ser su novia, no su madre.
"Has llegado hasta aquí porque eres lo más parecido a ella, la verdad, muy tierna", continuaba diciendo el manchego y aseguraba que en ella encuentra "alegría, buen rollo, ternura, cariño, miradas…" Natalia respondía a sus palabras: "si te vienes conmigo te vienes para siempre, viviendo y aprendiendo".
Entonces, Luján pedía el consentimiento de Dolores y ella no lo dudaba: "claro que sí, que se lo ponga ya". "Vaya paso en la vida voy a dar, es un paso pero parecen mil", reflexionaba Isidoro y, por fin, tomaba una decisión: "Natalia, esto es para ti esto es poco para lo que tú mereces""¿Sí?", preguntaba ella y se besaban.
Dolores, sin palabras, no sabía qué decirles pero finalmente aconsejaba a su recién estrenada nuera: "Natalia, ten mucha paciencia con él" y a su hijo le apremiaba para que le diera un nieto porque "a ti se te está pasando el arroz, quiero una nieta, una Daniela". Y así llegamos al primer punto de desacuerdo de suegra y nuera: "No, no, nombre vasco".
Pero a ella no le importa el nombre: "Bueno, lo que queráis pero yo ya tengo edad de ser abuela". Y así colocábamos al primero de los solteros, Isidoro se queda con la vasca que le cautivó en el minuto uno de la primera cita y Dolores, encantada con su nuera.