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La marcha de Manu deja a Pedriño con un finalista forzoso: Ángel

“¡Qué coño iba a saber! No me creo que se vaya solo a bailar. Ámsterdam, orgullo gay, mucha gente, tengo que ir… Algo pornográfico hay”, así comentaba Pedriño con su madre el precipitado e inesperado abandono de Manu. El pretendiente ha tenido que marcharse a Ámsterdam para bailar en un evento dejando así el camino despejado a su rival. Pero, ¿Qué decisión tomará Pedriño?

Junto a la ‘Marifurgo’, Pedriño disfrutaba con su madre y sus dos candidatos de la noche en Tarifa. Pero, entonces, como mal augurio, sonaba el móvil de Manu. Tras pasar unos minutos en el interior de la caravana, pedía hablar a solas con Pedriño. Todo indicaba que no eran buenas noticias y las sospechas se confirmaron: “he recibido una llamada que no me ha gustado mucho, tengo que ir a Ámsterdam”, transmitía Manu, “he intentado fallar y quedarme aquí pero es imposible”, se justificaba.
“Hombre, flipo”, decía Pedriño quedándose sin palabras, “estamos en un punto súper bueno” y Manu repetía que había intentado anularlo, pero todos sus esfuerzos habían sido en vano: “me tengo que ir mañana”, le decía.  Pero ¿Cuál era el motivo? Manu tenía que marcharse a un evento “muy importante” y Mary entendió que se trataba de otro programa de televisión. Por eso deducía: “Creo que hay un interés mediático que no se lo había notado antes”, decía pero Pedriño le corregía irónico: “no es ningún programa, sí el ‘¡Mira quién baila’! de Ámsterdam.
A solas con su madre, Pedriño reflexionaba: “¡Qué coño iba a saber! No me creo que se vaya solo a bailar. Ámsterdam, orgullo gay, mucha gente, tengo que ir… Algo pornográfico hay”. “No me digas que te estás rayando por eso. Te vas a comer todas las manos”, le reprendía Mary, pero Pedro continuaba: “me hace ver que en el futuro iba a ser lo mismo, me voy a hacer las Américas con taparrabos”.
Pensamientos al margen, con la marcha de Manu el camino se quedaba libre para Ángel. Él, Mary y el soltero llegaron a Marbella y, tras la retirada de la suegra, disfrutaron de la noche en la discoteca de Olivia Valere. Pedriño le adora y, por ello, le pedía consejo. Pero Olivia lo tenía muy claro: “no hay un minuto que reflexionar, este es el bueno”, decía dirigiéndose a Ángel, “Tengo tanta experiencia porque estoy casada desde hace 45 años y no lo cambio por nada ni por nadie”. Dicho esto, les daba su bendición y Ángel y Pedro disfrutaban de la noche.
Al día siguiente tocaba otra despedida: la de Mary. Algo emocionada, se despedía de su hijo con un único consejo: que lo paséis bien, pero Pedriño no lo hizo tanto. Tenía que comunicarle su decisión a Ángel y comenzaba diciendo: “Estoy un poco hecho un lío frente a vosotros dos, por la decisión que tengo que tomar, tampoco lo que me gustaría es que como Manu se ha ido, tomar una decisión en plan de despecho…”
  Pero Ángel no se percataba de lo que Pedriño le quería decir: “Esto hace no sé… que tú te tendrías que ir…” En ese instante, la cara de Ángel cambiaba y espetaba: “lo entiendo porque necesito a una persona que piense con la cabeza de arriba y no con la de  abajo, te he visto que has tirado mucho por el físico, valgo mucho para estar con una persona que no me ha valorado mentalmente”.
“No sabes lo que quieres en la vida”, continuaba reprochando Ángel y Pedriño replicaba: “esas cosas que tenías guardaditas las podías haber dicho antes”.  Así se despidieron sin terminar la copa y Pedriño pensaba después en voz alta: “Le vi marica despechada y lo peor que puede tener un marica es hacer el papel de marica despechada con toques de marica mala, dos cosas que… Ángel ahora mismo para mí es una lipoescultura, es como si me hubiesen quitado 40 kilos de encima”.