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Los primeros choques culturales golpean a las familias de Perdidos en la tribu

Tras el entusiasmo de la llegada, las dudas se instalan en algunas de las familias ¿habrán hecho bien en embarcarse en la aventura?
Después de su primera noche en las respectivas tribus, comienzan a surgir los problemas de integración de las tres familias españolas en su nuevo entorno. Tras el entusiasmo de la bienvenida, el primer contacto con la realidad de cada tribu supondrá las primeras dificultades de las familias a la hora de entenderse con sus anfitriones, de aceptar su comida o de sumergirse en los extraños rituales que practican.
La segunda entrega de Perdidos en la tribu, que Cuatro emitirá este domingo 7 de febrero a las 22.00 h, mostrará el duro golpe que supone para las familias la enorme diferencia cultural que existe entre ellos y las tribus con las que tendrán que convivir durante las próximas semanas. En esta ocasión, la comida se convierte en el verdadero problema de las familias: la dieta autóctona resulta repugnante para el paladar occidental. Todos saben que si no se adaptan a ella pasarán mucha hambre, pero habituarse a la comida hamer o kamoro no les resultará nada sencillo.
En la seca Etiopía la familia Rovira-Mezcua se enfrenta a las primeras rutinas diarias al calor de la tribu de los hamer. Los conflictos no tardan en llegar: ciertos gestos de la tribu para con las mujeres o la comida habitual de la tribu son motivos suficientes como para que en la familia se instalen las dudas. ¿Habrán hecho bien en embarcarse en la aventura? ¿Merecerá la pena o habrá sido un error inicia la aventura? David, dominado por la ira, se niega a comer mientras su madre, Candelaria, rompe a llorar al no saber si será capaz de soportar tantas semanas en la tribu y Raquel pierde los nervios y se derrumba. Asimismo, los Rovira-Mezcua tendrán que acostumbrarse a que beber sangre de vaca con leche es el mejor remedio hamer para recuperar energías.
Mientras tanto, en Papúa, los malagueños Segura-Romero disfrutan de una breve jornada en la playa. Todo parece paradisíaco pero pronto descubrirán que la vida en la tribu de los kamoro tiene sus inconvenientes: transitar por los manglares fatiga enormemente, comer enormes larvas no es precisamente un manjar y acabar entre agua y barro para poder pescar algo resulta mucho menos cómodo de lo esperado. Además, las mujeres kamoro son extremadamente exigentes, y tras las primeras actividades se muestran disconformes con el trabajo de Ana María y Mila.
La particular sensibilidad de Raquel, la hija de los Moreno-Noguera, es el principal obstáculo al que se enfrenta la familia en sus primeros días de convivencia con los nakulamene. Los primeros días la vida en la tribu parece fácil pero para Miguel y Marcos no lo es tanto. Por su parte Edi y Raquel encuentran contratiempos en la mayoría de las costumbres de sus anfitriones. Incluso dar de comer a los cerdos se convierte en un duro momento para Raquel. Además, los Moreno-Noguera descubrirán que existe en la tribu una ceremonia secreta totalmente prohibida para las mujeres.