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Los Suri y los Shiwiar aterrizan sobre el asfalto: arranca 'Perdidos en la ciudad'

Hace 267 días, dos familias atravesaron el planeta para vivir la aventura de su vida: convivir con dos de las tribus más extremas del mundo. El gran esfuerzo de las familias, los Merino y los Navarro, fue recompensado por las tribus, los Shiwiar y los Suri, que les aceptaron como hermanos. Prometieron volver a verse, y esa promesa es el punto de partida de 'Perdidos en la ciudad'. Empiezan 30 días de convivencia en España.

Dos familias de vuelta a la aventura
A los Merino (Marisol, su marido Carlos, y sus hijos David, Víctor, Marisol y Cristina), poco les ha cambiado la vida tras la vuelta del Amazonas. Allí aprendieron a ser más independientes, menos superficiales, más fuertes, y a estar más unidos, pero de regreso a León, Cristina volvió a sus tacones y los chicos a sus 'bollicaos'. En el recuerdo, eso sí, permanecen en cada momento los Shiwiar, a los que están deseando volver a ver.
Los Navarro (Isabel, José, Antonio y Chabeli) sí que están irreconocibles. A Etiopía se fueron como un matrimonio aburrido y dos hijos radicalmente distintos, pero el duro entorno les ayudó a entenderse, y devolvió la pasión a la pareja. Ahora, Chabeli tiene nueva nariz, Antonio se forma para ser un luchador, y José e Isabel se deshacen en mimos. Cuentan las horas para rencontrarse con la dura tribu que les dejó huella en el corazón: los Suri.
Los seguidores de 'Perdidos en la tribu' descubrirán que 'Perdidos en la ciudad' trae caras nuevas, tres en concreto. La primera de ellas es Marisol, hija de los Merino, que no viajó al Amazonas por consejo de los médicos, pues tiene diabetes. La segunda adquisión del programa es María, abuela de la familia Navarro, una señora con muchas ganas de conquistar a los Suri por el estómago. Por último, Nga Sedé, hija de Nga Bilé, que viaja a España acompañando a su madre, aunque no conoció a los Navarro cuando éstos convivieron con su tribu.
El viaje de José y Carlos, padres y mensajeros de la familia
Repetir un viaje no genera los mismos nervios, miedos e incertidumbres de la primera vez, pero sí las mismas dosis de ilusión. Es lo que les ocurre a José y a Carlos, que marchan a Etiopía y al Amazonas respectivamente.
"Me asusta llegar allí y que alguno de ellos ya no esté", explica José, que teme que la dura África haya pasado factura a alguno de sus 'hermanos Suri', como a él le gusta llamarles. Días después, Arbula le dará la peor noticia: Nga Holé y Olekoro, dos jóvenes Suri con los que la familia tuvo mucho contacto, han fallecido a manos de una tribu rival.
Por su parte, Carlos, alias Maikiua en el Amazonas, no esconde que la avioneta "acojona", pero se muestra mucho más decidido que la primera vez. "Quiero enseñarles la verdadera jungla en la que vivimos nosotros, que es todavía más dura que la suya", asegura Carlos ante las cámaras.
Vuelven Maikiua y Na Birín
En la salvaje selva del Amazonas, los Shiwiar, se les veía en la cara, echaban de menos el estruendo del 'kanti molongo' que Carlos les enseñaba. Con ese particular himno ha llegado Carlos al poblado, y ha sido recibido con vítores, fuertes abrazos y mucho cariño. "Hacía tiempo que no me reía tanto" le dice a Carlos Guirar, el chamán de la tribu, con el que estableció una bonita amistad.
Especial ha sido también la entrada a su 'pueblo Suri' de José. Convertido en Na Birín, con sus antiguas ropas, llegaba besando el suelo, y no podía parar de llorar. Los Suri, en particular Arbula, jefe de la tribu, no soportaban ver tantas muestras de debilidad. "No sé si quiero que mi gente conozca un poblado donde los hombres lloran", expresaba Arbula.
Los Shiwiar y los Suri empiezan su aventura
Aunque con reticencias, ambas tribus acceden a que varios miembros abandonen temporalmente sus poblados y viajen miles y miles de kilómetros hacia lo desconocido.
De los Suri, viajan cinco: Arbula; Tamaru, Nga Bilé, Nga Sedé y Goreñi. De los Shiwiar, marchan junto a Carlos otros cinco: Yambía, Mirnach, Guirar, Shiwiá y Chasém. Los diez viven la primera despedida de sus vidas, pues jamás se habían alejado de su hogar y de su tribu.
Los reencuentros
Viéndolos, cualquiera diría que entienden perfectamente el idioma del contrario. Cuando se encuentran, cuando se abrazan después de tantos meses, sobran la mayoría de las palabras.
La familia Merino ha viajado a Madrid para acelerar su reencuentro con los Shiwiar, pues no podían esperar a que llegasen a León. La bienvenida de los Navarro a los Suri se produce en la puerta de su casa. En ambas ocasiones, los anfitriones estaban radiantes de felicidad y los visitantes algo despistados, abrumados con tanto jolgorio.
A partir de ahora, todo es nuevo. Los Shiwiar no conciben dejar su lanza prestada a una desconocida para subir a un avión. A los Suri no les cabe en la cabeza que un hombre y una mujer compartan cama. Un ascensor, para Mirchach, es una caja pequeña que da mucho miedo. Los hombres Suri, tan guerreros ellos, se ofenden por tener que poner la mesa, y tienen que aprender cosas tan sencillas como a usar un interruptor.
Y esto es sólo el principio.