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El almacenamiento de dióxido de carbono subterráneo lo convierte en roca

En noviembre, entra en vigor el Acuerdo Climático de París para reducir las emisiones globales de carbono y para lograr los objetivos fijados, los expertos dicen que la captura y el almacenamiento de carbono debe ser parte de la solución, por lo que varios proyectos en todo el mundo están tratando de que eso suceda. Un estudio sobre uno de esos esfuerzos, que se detalla en un artículo publicado en la revista 'ACS Environmental Science & Technology Letters', ha encontrado que a lo largo de dos años, el dióxido de carbono (CO2) inyectado en basalto se ha transformado en roca sólida.
Los estudios de laboratorio sobre el basalto han demostrado que la roca, que se formó a partir de la lava hace millones de años y se encuentra en todo el mundo, puede convertir rápidamente el CO2 en minerales de carbonato estables. Esta evidencia sugiere que si el CO2 pudiera ser bloqueado en esta forma sólida, quedaría almacenado lejos para siempre, siendo incapaz de escaparse a la atmósfera. Pero lo que sucede en el laboratorio no siempre refleja lo que ocurre en el campo.
Un proyecto de campo realizado en Islandia inyectó CO2 pre-disuelto en agua en una formación de basalto, donde se almacenó con éxito. Y a partir de 2009, investigadores del 'Pacific Northwest National Laboratory' y de la 'Big Sky Carbon Sequestration Partnership', con sede en Montana, Estados Unidos, emprendieron un proyecto piloto en el este de Washington para inyectar 1.000 toneladas de CO2 líquido presurizado en una formación de basalto.
Después de perforar un pozo en la formación del basalto del río Columbia y probar sus propiedades, el equipo inyectó CO2 en ella en 2013. Dos años más tarde, se extrajeron muestras de núcleo del pozo y Pete McGrail, del 'Pacific Northwest National Laboratory', y sus colegas confirmaron que el CO2 se había convertido en el carbonato mineral ankerita, como los experimentos de laboratorio habían predicho. Y debido a que los basaltos se encuentran ampliamente en América del Norte y en todo el mundo, los científicos sugieren que estas formaciones podrían ayudar a secuestrar permanentemente el carbono a gran escala.