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"Si estás leyendo esto, ya estoy muerto"

Andrew y Sandra BarclayThe Mirror

Andrew Barclay sabía que podría haber compartido más brindis con su esposa y haber visto crecer a sus dos nietas, de dos y cuatro años, pero la esclerosis múltiple le privó de la vida que una vez llevó, y no estaba dispuesto a soportar el dolor total y la parálisis. Por eso decidió poner fin a su vida en Suiza, donde el suicidio asistido es legal.

El periódico The Mirror publica una entrevista con Andrew horas antes de que él muriera en Suiza, donde el suicidio asistido está permitido. Tras una velada con su esposa, Sandra, Andrew, de 65 años, bebió una mezcla letal de medicamentos que le habían recetado, incluso a pesar de que los médicos le habían confirmado que podía vivir diez años más.
Antes de abandonar el hotel para su cita con Dignitas, un grupo médico que ayuda a gente con enfermedades físicas o mentales que quiere poner fin a su vida, Andrew explicó en un vídeo que “algunos dicen que es una decisión valiente, otros que es cobarde y egoísta y preguntan ¿y tu mujer, tu familia, qué pasa con tu responsabilidad hacia ellos? Pero les reto a vivir un solo día con mis síntomas y ver cómo se manejan”.
Andrew, que deseaba que su historia ayude en la batalla para cambiar la ley británica sobre el suicidio asistido, señala en la entrevista que quiere dejar de ser “una carga”. Añade que “quiero estar con la gente que quiero, desde luego, pero ni siquiera puedo aupar a mis nietas y levantarlas en el aire como solía hacer. Quiero expresar el amor que siento por ellas en lugar de estar malhumorado y regañarlas no porque sean traviesas sino por como me siento físicamente”.
“Me hace sentir culpable cada vez que dejé escapar una oportunidad para mostrarles cuánto los amo y eso es algo que lamento amargamente, pero no está bajo mi control", explica.
En un valiente acto de amor, Sandra se ha arriesgado a ser perseguida en Reino Unido por ayudar a su marido a poner fin a su vida. Andrew no podía soportar cómo sería su futuro con la enfermedad, pero la ley británica no le permitía llevar a cabo el suicidio asistido.
La esclerosis múltiple no es una enfermedad terminal, es una enfermedad crónica e impredecible a largo plazo que puede no causar síntomas extremos. La enfermedad va paralizando partes del cuerpo, aunque no es predecible la velocidad a la que va a hacerlo. El exfuncionario pasó los últimos tres años en una silla de ruedas. "Todavía hay momentos genuinos de felicidad. Pero ya no superan una vida en la que cada día es una lucha de principio a fin. Así que he tomado esta decisión. Siempre habrá una razón para no seguir adelante con ella - Navidad, un cumpleaños, un aniversario”.
“La decisión está tomada, la fecha puesta y la dura verdad es que ahora hay un trabajo que hacer. He luchado durante 14 meses para conseguir llegar a Dignitas y ahora es un alivio saber que todo habrá acabado pronto”, observa.
“No voy a fingir que es fácil, pero es lo que él quiere”, dice Sandra. “Me rompió el corazón, pero si amas a alguien, no quieres verle sufrir”.  Para Andrew, "es la decisión más profunda que he tomado, pero no tengo duda de que es la correcta".
La pareja viajó a Suiza, a la sede de Dignitas en Zúrich, y allí pasaron los últimos días de Andrew. En esos momentos, todavía era capaz de darse una ducha, leer en su Kindle, responder mensajes de correo electrónico, abrazar a sus nietas, disfrutar de un whisky, visitar el pub y comer con la familia y amigos.
Basta, dirían algunos, para hacer la vida soportable por más tiempo, y plantea la pregunta: ¿por qué eligió terminar su vida ahora? Su respuesta: "Ya no puedo caminar. Mi mujer que tiene que ayudar a  salir de la cama y a vestirme. Si tuviera que levantarme sólo me caería. Tengo temblores terribles que hacen difícil recoger algo, mi cuerpo me duele y tengo una profunda  fatiga que es implacable”. También era incontinente y había perdido la vista en su ojo izquierdo.
En cierto modo, Andrew murió esperando que éste fuera su legado, que él y la difícil situación de Sandra fomentarían más debate sobre el controvertido asunto. Para Andrew, “necesitamos una ley que la convierta en una opción factible en Gran Bretaña. Tiene que ser estrictamente regulado, pero ¿por qué no poner la línea donde Dignitas tiene? No es fácil ir allí. Necesitas informes médicos y psiquiátricos y necesitas realizar el acto final tú mismo".
Andrew no tiene miedo a morir. "Me gustaría pensar que un día volveré a ver a mi padre, pero sé que seré polvo y eso no me asusta. ¿Por qué debería hacerlo? ¿Es una vida que carece de calidad tan diferente de la muerte? Hay mucho para elogiar la muerte cuando se comparan los dos”, afirma.
La pareja no ha pasado una Navidad separados en 50 años. “Echaré de menos cada pequeña cosa de él”, dice Sandra. “Y yo la echaré de menos a ella. Es la parte más dura”, concluye Andrew.