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El último grito de los selfis peligrosos

La autofoto de toda la vida queda mejor si se la llama ‘selfi’ y más aún si se toma en las situaciones más osadas, aún a riesgo de perder la vida. Es lo que ya les ha sucedido a varios jóvenes al volante. A una temeraria rusa, obsesionada por fotografiarse en las alturas o al matrimonio que se despeñó por un acantilado de Portugal en su afán por buscar el mejor encuadre. Idéntica situación en Alicante con un joven belga como protagonista, pero con fortuna, porque vivió para contarlo, y ¿quizás? para no volver a caer en el mismo error. Aunque basta cualquier situación de la vida cotidiana para acabar con un golpe o un mero chapuzón. Los selfis extremos están cada vez más de moda. Desde los encierros de Pamplona a sus sucedáneos de Estados Unidos. Y desde las profundidades del océano a las alturas del Cristo Redentor en Río. Lo cierto es cada vez hay más ejemplos de lo que da de sí el autorretrato de la estupidez humana.