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Vacuna frente a la leishmaniasis canina, luego, la humana

Hace 25 años nació una idea: evitar que el parásito Leishmania destrozará la vida de personas a las que mutilaba y desfiguraba. Fue la idea de Jaime Grego, al frente de un laboratorio, Leti, que sienta bases sobre la Dermatología y la Alergia. Pero empezando por el principio, se inició la investigación con un modelo próximo al hombre: el perro, víctima también del parásito que se mete en el organismo cuando un mosquito pequeño, fletomomo, pica. Un cuarto de siglo después, Leti ha diseñado y desarrollado una vacuna recombinante frente a Leishmaniasis, que utiliza fragmentos del parásito para activar su poder de protección. Esto evita tener que utilizar adyuvantes, fármacos, para lograr eficacia. Y no tiene fectos negativos. El efecto de inmunización se logra tras comprobar que el animal no está infectado. Una dosis al año tiene el efecto protector. Y si se evita que el perro tenga el parásito, y que éste se refugie en él hasta que un mosquito lo chupe y lo suelte en la siguiente picadura sobre la piel humana, se reducirá el risgo de que las personas enfermen. Porque hay 12 millones de humanos en 80 países que sufren las consecuencias: terribles y desfiguradoras en su afección cutánea, mortales cuando afecta a órganos internos. La vacuna recombinante española es solo el primer paso para lograr la que inmunice a los humanos frente a la Leishmania.