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El ritmo de vida frenético influye negativamente en nuestros hábitos alimenticios

Los hogares de jóvenes independientes suspenden en alimentaciónGtres

Los hábitos de las nuevas generaciones en España están cambiando. Según el Informe del consumo de alimentación en España 2016, elaborado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, se puede observar que la brecha generacional es muy notable, según las conclusiones que se sacan de la comparativa realizada en los distintos tipos de hogares españoles.

Pero, ¿cuáles son los hábitos de alimentación en los hogares españoles? 
Los hogares de personas jubiladas, que representan un 23,4% de la población, consumen más productos frescos, y productos de la dieta mediterránea, por encima del resto de hogares españoles. Son más afines a los productos tradicionales y en sus hábitos alimenticios incluyen aquellos productos que les ayudan a cuidar la salud y a mantener una dieta equilibrada. 
Los hogares de adultos independientes, que representan un 7,7% de la población, también busca el cuidado de la salud a través de un consumo intensivo de frutas y hortalizas. Son los más propensos a consumir productos integrales, con fibra, desnatados y de control del colesterol. También incorporan en su cesta de la compra productos cárnicos y aceite de oliva virgen extra.
Los hogares constituidos por un joven independiente son los menos numerosos, ya que representan un 5,7% de la población, pero también son los que más han crecido en 2016 (un 3,8% con respecto al año anterior). A pesar de ser del mismo tamaño que un hogar adulto independiente, tiene consumos absolutamente diferentes.
En su dieta están presentes productos que no conllevan ningún tipo de elaboración casera, como platos preparados o conservas de pescado. Pueden tener un mínimo proceso de elaboración, pero en su cesta son importantes los alimentos rápidos de preparar, consumir y conservar, como el pan industrial, la margarina, los productos de charcutería envasados, los lácteos, o la bollería industrial para el desayuno. Buscan una mayor flexibilidad y comodidad a la hora de comprar. Optan a menudo por la compra a través de Internet en determinados sectores. 
El ritmo frenético, un enemigo que nos incita a descuidar nuestra alimentación 
Las nuevas rutinas de alimentación son una tendencia al alza, y aunque hay un sector de la población que está optando cada vez más por los productos frescos y naturales, haciéndose evidente una creciente preocupación por el cuidado de la salud y el origen de los alimentos que consumimos, desde hace unos años, otras tendencias menos beneficiosas se han instaurado en nuestras neveras. 
La conducta alimentaria se adquiere desde la infancia hasta la adolescencia, siendo el entorno familiar y escolar un factor fundamental a la hora de marcar nuestras pautas de alimentación. Sin embargo, a lo largo de nuestra vida, adquirimos otros hábitos, viciados por circunstancias laborales y, muchas veces, favorecidos por la falta de tiempo en nuestro día a día. 
El ritmo frenético al que estamos expuestos nos lleva a descuidar ciertos aspectos de nuestra vida como el descanso, la alimentación o la actividad física. 
Hay una tendencia a saltarse algunas de las comidas diarias fundamentales. En esta nueva costumbre hay un gran mártir que destaca por encima del resto: el desayuno. Esta comida es fundamental ya que nos proporciona la energía y los nutrientes necesarios para afrontar el día, tras el ayuno nocturno. 
La población más joven está adquiriendo esta peligrosa costumbre que también encuentra una variante no menos peligrosa: cambiar un desayuno elaborado y equilibrado por un tentempié rápido en el que recurrimos, principalmente, a la bollería industrial
Consumir estos alimentos de manera habitual es muy perjudicial, ya que altera de forma inmediata nuestro equilibrio nutricional. La bollería industrial tiene una gran densidad energética. Son alimentos altamente calóricos que no nos producen sensación de saciedad, aumentando el riesgo de sufrir obesidad. 
Saltarse la primera comida del día tiene una consecuencia inmediata: propicia desmesuradamente el picoteo entre horas. Al tener el estómago vacío, aumenta nuestro apetito y necesitamos comer algo rápido, que no necesite preparación. 
Por eso, debemos atender nuestras necesidades nutricionales que, a menudo, descuidamos por darle preferencia a otros aspectos de nuestra vida. No cuidar nuestra alimentación, restar horas a nuestro descanso diario y abandonar la actividad física por falta de tiempo puede desembocar en episodios de estrés y otros problemas de salud.